La crisis como posible buena noticia

La dirección espiritual en el Seminarista

Naturaleza, crisis y fines de la dirección espiritual

El problema de la transferencia

En el ámbito del acompañamiento espiritual

La formación de los formadores, grande reto de la formación

Entrevista completa de Mons. Carlos Patron Wong, Secretario para los seminarios

El Cibersexo

Una tentadora y encantadora triste realidad!!!

25 de noviembre de 2014

Encuentro de Seminaristas Teólogos de las Diócesis del Sur

Por Agencia SIC 

La Diócesis de Cartagena acoge este fin de semana el Encuentro de Seminaristas Teólogos de las Diócesis del Sur, un encuentro en el que participarán 52 seminaristas y 17 formadores de los seminarios de Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Guadix, Huelva, Jaén, Jerez de la Frontera, Málaga, Sevilla y los dos de Cartagena, San Fulgencio y Redemptoris Mater.

El encuentro comenzará el viernes 28 de noviembre, por la tarde, con el rezo de Vísperas y la Celebración de la Eucaristía en la capilla mayor del Seminario San Fulgencio. Tras la cena, los seminaristas realizarán un paseo por la capital murciana y visitarán a la Catedral.

El sábado por la mañana viajarán a Caravaca de la Cruz, que goza del jubilar a perpetuidad y que es ciudad teresiana, donde también este año se pueden ganar las indulgencias plenarias por el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Además visitarán el santuario de Nuestra Señora de la Esperanza de Calasparra y el Museo Salzillo de Murcia. Rezarán Vísperas en la iglesia conventual de las Madres Dominicas (Las Anas de Murcia) y serán recibidos por el Obispo de Cartagena en el Palacio Episcopal, Mons. Lorca Planes.

Ya el domingo, los seminaristas visitarán el Santuario de la Fuensanta, patrona de la ciudad de Murcia, donde celebrarán la Eucaristía presidida por el Obispo diocesano de Cartagena.


(Diócesis de Cartagena)


24 de noviembre de 2014

El adecuado uso de las redes sociales, reto para el seminario

Entrevista a monseñor Patrón Wong

El Centro Televisivo Vaticano difundió ayer en su sitio web y su canal oficial de YouTube una entrevista al arzobispo yucateco Jorge Carlos Patrón Wong, secretario para los Seminarios de la Sagrada Congregación para el Clero, en la cual el prelado habla del papel del sacerdote y el seminarista en el aprovechamiento de las nuevas tecnologías para comunicarse.

La videoentrevista, titulada “Quando il seminario è social”, dura tres minutos y 44 segundos y fue realizada en italiano por Giada Aquilino, colaboradora de Radio Vaticano. A continuación,el vídeo y la transcripción del contenido:


El aprovechamiento del internet y las redes sociales en la formación de los seminaristas hacia el tercer milenio es una realidad, ya no solamente una hipótesis.

“Hoy los jóvenes han nacido digitales, y nosotros, los formadores, debemos aprender a comunicarnos en forma veloz y breve”, comenta monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, arzobispo mexicano y secretario para los Seminarios de la Sagrada Congregación para el Clero.

En la actualidad, en su formación, los futuros sacerdotes deben hablar este mismo idioma. Deben estar a la altura de los tiempos. El verdadero reto no es cómo usar las redes sociales sino cómo estar en las redes sociales testimoniando el Evangelio. De esto está convencido el secretario para los Seminarios de la Sagrada Congregación para el Clero, quien dedica alrededor de 45 minutos al día para comunicarse a través de las redes sociales. Él considera, como el papa Francisco, que no se puede comprender una vida cristiana y una relación con Dios sin la misión de la comunicación.

“Como el papa Francisco ha dicho, la espiritualidad es como unarespiración: por una parte, la inspiración que es la presencia de Dios, la cual se da a través de nuestra oración, nuestra espiritualidad, nuestra cercanía con la Eucaristía. Y luego se hace la expiración, que ya es nuestra relación con los demás. Los seminaristas de hoy, los formadores de hoy, estamos llamados a comunicarnos también por estas redes maravillosas. Las redes sociales y los medios de comunicación se convierten para las nuevas generaciones no solamente en un medio de diversión sino en un real medio de comunicación. Como un hábitat natural”, comenta en el vídeo.

La realidad de los seminarios, por otra parte, está en evolución. Ya no son solamente un lugar de oración y de enseñanza, sino un lugar para aprender a utilizar las redes sociales, con la sabiduría que viene de otras partes del mundo.

“Hoy los jóvenes que llegan a nuestros seminarios han nacido en este mundo digital y somos nosotros, los formadores, los que tenemos que aprender a comunicarnos a través de estas redes. Y ésta es una gran ventaja. El gran reto es que nosotros, obispos, sacerdote y formadores, que no nacimos en esta era digital, las aprendamos a utilizar y vivir con estas nuevas relaciones con un nuevo mundo y con unas nuevas generaciones, de tal manera que los contenidos de valores del Evangelio puedan ser transmitidos a los jóvenes a través de los medios que los jóvenes de hoy saben manejar. Y también esto nos lleva a los adultos a aprender de ellos —los jóvenes— a compartir experiencias personales y comunitarias de manera breve, como en cápsulas de contenido”, expresa.

No se pueden pasar por alto los riesgos que estos medios entrañan; el reto está en aprender a valorar lo positivo que tienen, que todo esto lo ha sugerido también el papa Francisco, y sobre todo usarlos también en los momentos de dificultad.

“No solamente se comunican cosas bellas, agradables, placenteras sino también aquéllas que son dolorosas. El seminarista y el sacerdote tiene que aprender, a través de los medios de comunicación, a tener una experiencia de encuentro con sus hermanos, porque son maneras muy directas de comunicarse”, concluye monseñor Patrón Wong.

* * *

Sobre el mensaje, el padre Jorge Carlos Menéndez Moguel, párroco de Nuestra Señora de la Asunción, quien ayudó al Diario en la traducción de la entrevista, comentó que, “personalmente, me parece que los futuros sacerdotes y nosotros tenemos que saber utilizar correctamente las redes sociales”.

“Me parece que aunque se conozca la técnica se cometen muchas arbitrariedades con el mal uso de las redes, porque lejos de ayudar a que nos comuniquemos mejor, considero abaratan nuestro encuentro. Las redes sociales nos deben servir siempre como un medio para comunicarnos mejor y no solamente como un fin. Y los seminaristas y sacerdotes, que debemos ser expertos en comunicación, no podemos menospreciar el uso de estas redes: es como finalmente el hombre de hoy se está comunicando”, puntualizó.— Juan Carlos Góngora Solís

Publicado por Diario de Yucatan



20 de noviembre de 2014

Queridos hermanos seminaristas: Hay que gastar la vida por quien se ama!

Me dirijo con sencillas palabras a todos ustedes, que como yo, le hemos dicho sí a Cristo. Sí a ese Dios que nos ha tocado el alma con su mirada de amor y nos ha dado la fuerza para dejarlo todo y responderle ¡Sí Señor, puedes contar conmigo!... ¡Aquí estoy, para hacer tu voluntad!

Bien sabemos ustedes y yo, que el camino de seguimiento del Maestro, no es fácil, pues hay que remar contracorriente, por muchas veces con el temor de caer de la barca y ser arrastrados por la corriente. Es normal, por veces surgen ciertas incertidumbres y desafíos que nos hacen querer bajar de aquella barca, en la que con gran entusiasmo subimos un día con el Eterno Viajero.

Pensemos en Él… ¿no es Él quien nos ha dado la vida?... ¿Quién ha dado su vida por ti, al punto de entregarla completamente consumada en la Cruz?... bien lo sabemos… AQUÉL  QUE NOS HA AMADO PRIMERO… Si nos sentimos amados, nos sentimos llamados. Llamados no solo a darle algo, sino a darnos, a darnos por entero, con todo lo que implica la palabra: Alegría, Cruz, Gracia y la Vida Eterna.

Mi Fundadora, la Venerable Madre María Isabel de la Santísima Trinidad, tiene un pensamiento que me ayuda mucho: ¡Para amar a Dios tenemos una eternidad, pero para servirlo, apenas estos pocos días de vida!... Hay que gastar la vida por quien se ama, ¿no es lógico?. Es Jesús quien nos ha enseñado como servir, como un Siervo, haciéndonos siervos, como Él, como su Madre Amadísima, como tantos otros, que no tiraron la toalla, que a pesar de todo, lo dieron todo. No les estoy diciendo algo que no me atribuya a misma, por el contrario, todos estamos en pie de lucha, y lo mejor es que en esta batalla que es nuestra vida está el Señor.

                Mi vocación es el regalo más hermoso que he recibido de Dios, por tanto he de compartirlo. Estoy agradecida con él, pues a través del testimonio de algunos seminaristas, también quise responderle a este Dios a quien tanto amo, Él fue quien me llamó y aquí estoy, no solo meditando aquello que oí un día, sino también entregando cada día de mi existencia este Amor tan inmenso que recibo a diario de él y que se me es imposible, no transmitir y comunicar a mis hermanos.

                Que el Señor mismo, nos ayude a confiar, a arriesgar, a vivir y testimoniar fiel y generosamente, la alegría de haberlo encontrado, mejor que Él nos haya encontrado y nos dé la oportunidad de vivir esta bella aventura de nuestra vida a su lado.

                Mis sinceras, humildes y constantes oraciones por ustedes, por su perseverancia y para que su corazón cada día se conforme al de Jesús Buen Pastor, nuestro Amado Señor. También encarecidamente les pido sus bellas oraciones por todas nosotras que amamos grandemente a nuestro Fiel y Único Esposo. Que el Señor sea cada vez más amado, conocido y servido.
A Él sea toda la gloria, por los siglos de los siglos. Amén

Fraternalmente unida en oración.

Hna. Yolanda Elizabeth Piña Uicab

Concepcionista al Servicio de los Pobres.


19 de noviembre de 2014

Respecto la obligación de rezar el oficio divino a los sacerdotes en los seminaristas!

Por José Cruz López

Afirmar que "los tiempos antiguos" fueron mejores, es añorar el pasado y desconsiderar el presente. Sin embargo, para algunos "los tiempos antiguos" nos han marcado de forma particular en lo que se refiere a la formación.

Recuerdo que en mi etapa formativa como seminarista, siempre fui tratado con rigor y exigencia en lo que respecta al oficio sagrado (Breviario, liturgia de las horas, etc.). Rezábamos el oficio dentro y fuera del seminario, en vacaciones y en días de descanso!

Actualmente me encuentro nuevamente en un seminario (como formador) y pre-siento que al oficio sagrado no se es asumido con seriedad. Basta dar una mirada en los armarios personales (en los días de vacaciones) para darnos cuenta que el rezo del breviario es sólo cuando está contemplado en el horario del seminario.

Expresiones como "somos seminaristas y no padres", "el can. 276 obliga sólo a sacerdotes y diáconos"  son utilizadas para defender la "no" obligación del rezo del sagrado oficio en los candidatos al sacerdocio. Y sí, tienen razón el can. 276 es claro: ...los sacerdotes, y los diáconos que aspiran al presbiterado, están obligados a cumplir cada día con la Liturgia de las Horas, usando sus propios libros litúrgicos, debidamente aprobado...

El rezo del sagrado oficio acompañará al sacerdote hasta los últimos días de su vida. Y los seminaristas tienen que asumir e incorporar el rezo del oficio sagrado ya desde los primeros años de su formación. Tienen que enamorarse del breviario, ir con él a todo lugar. Tienen que saber que a lo largo de su jornada hay unas horas llamadas sagradas, que son dedicadas al rezo del oficio sea en vacaciones o en tiempos de descanso.

Ahora tengo la grave responsabilidad de acompañarles y de formarles. ¿Cómo hacerlo? ¿qué criterios tomar? ¿no tienen obligación? ¿como iniciarlos? ¿Habré de ser exigente?

Los expertos nos ilustran: todo evangelizador se alimenta de la Palabra y de los sacramentos para luego introducir a ellos a los hermanos. Los seminaristas deben aprender gradualmente  a poner en práctica una participación activa en la liturgia, debe ser visto como alimento de la propia vida espiritual y por ello como necesidad personal. Por eso es importante un cuestionamiento constante sobre la vida de la gracia y la práctica sacramental y sobre el sentido dinámico de la participación en la liturgia.

También es importante mantener ciertas cautelas ante algunos comportamientos de los seminaristas ante la liturgia. La liturgia no es el mismo oficio del presbítero, sino, fuente y cumbre de la actividad de la Iglesia y del ministerio presbiteral. Reducirse a funciones litúrgicas es el peligro.

Durante el seminario menor quizá  la línea más importante es que el muchacho descubra y sienta la liturgia como algo suyo, en lo que puede participar y le hace un bien. Lo contrario sería que percibiera las acciones litúrgicas como obligación o como mero asunto disciplinar. En la etapa del seminario menor la oración comunitaria se inicia de un modo muy discreto, algunos elementos de la liturgia de las horas, como algunos salmos, himnos o preces. El uso de estos elementos ha de significar para los seminaristas menores un hallazgo personal y no algo rutinario.

[Criterios tomados de "Los itinerarios formativos en el seminario diocesano" Sacerdotes operarios diocesanos.]



18 de noviembre de 2014

“Solo un seminarista”: El reto vocacional de un Obispo español

(ACI/EWTN Noticias).- El recién nombrado Obispo de Segovia (España), Mons. César Franco, ha declarado que una de sus principales preocupaciones en su nueva diócesis es la promoción de las vocaciones al sacerdocio ya que actualmente tan sólo hay un joven preparándose para ser ordenado.

“Preocupaciones no tengo muchas, la única es que en Segovia solo hay un seminarista. Por lo que si algo tengo que tomar con empeño decisión y alegría es la promoción de las vocaciones sacerdotales. Como lo que están haciendo la diócesis también en estos años”, afirmó Mons. Franco a los medios.


Mons. César Franco era hasta ahora Obispo Auxiliar de Madrid. Entre sus diversas obligaciones, el Prelado tuvo a su cargo la coordinación general de la Jornada Mundial de la Juventud que se realizó en la capital española en 2011, que fue presidida por el entonces Papa Benedicto XVI.


11 de noviembre de 2014

Francisco a los seminaristas: ''El ministerio sacerdotal no puede en ningún caso ser individual, y mucho menos individualista''

Ciudad del Vaticano, 10 noviembre 2014 (VIS).- El pasado sábado por la noche, Francisco envió un mensaje a los 750 seminaristas franceses reunidos del 8 al 10 de noviembre en el santuario mariano de Lourdes, en el marco dela Asamblea Plenaria de otoño de la Conferencia Episcopal de Francia. El Papa les pide que recuerden las tres palabras claves en sus vidas como seminaristas: fraternidad, oración y misión.

''El ministerio sacerdotal no puede en ningún caso ser individual, y mucho menos individualista'' escribe el Papa sobre la fraternidad, instando a los seminaristas a dar testimonio juntos del amor con el cual reconocemos a los discípulos de Jesús. “Todo lo que aprendéis cobra vida en la plegaria'' dice, hablando de la oración y recuerda a los seminaristas cómo Jesús se retiraba en silencio y soledad para profundizar en el misterio del Padre. ''Dejad que vuestra oración sea una llamada al Espíritu porque es él quien construye la Iglesia, guía a los discípulos e infunde la caridad pastoral … En la base de vuestra formación -subraya- se encuentra la Palabra de Dios, que penetra, alimenta e ilumina''. Por eso les aconseja que dediquen diariamente largos momentos a la oración ya que "en ella se encuentra la presencia amorosa del Señor y es allí donde El nos transforma''.


La misión, señala al final, ''es inseparable de la oración, porque os abre al Espíritu que guía en ella''. “Salid de vosotros mismos, al encuentro de los otros, sobre todo de las personas más alejadas'', exhorta el Pontífice, pidiendo a los futuros sacerdotes que confíen en María y se dejen guiar por aquella que ''acompañó a Jesús en su misión, que estuvo presente en Pentecostés cuando los discípulos recibieron al Espíritu Santo, y que acompañó los primeros pasos de la iglesia''.

Publicado por news.va


5 de noviembre de 2014

El delegado de la Sagrada Congregación para el Clero, Mons. Jaime Calderón visita el Seminario de Ciudad Bolivar


La Sagrada Congregación para el Clero se encuentra en Visita Apostólica a los Seminarios de Venezuela por medio de Mons. Jaime Calderón.

Esta Visita Apostólica a Venezuela se realiza para conocer la realidad de los Seminarios Diocesanos e Inter-diocesanos Mayores de nuestro país, y así confrontar esta realidad con las líneas de la formación sacerdotal dadas por la Santa Sede y por el Episcopado Venezolano, de modo que haya una mayor unidad en la formación integral de los futuros sacerdotes. Posteriormente, los visitadores presentarán un informe a la Sagrada Congregación para el Clero de la Santa Sede, y así poder cubrir la necesidad de conocer mejor la situación de cada centro de formación sacerdotal para prestarles un servicio más eficiente.

En nuestro Seminario Mayor “Jesús, Buen Pastor” de Ciudad Bolívar, esperábamos la visita de los delegados para la supervisión de nuestra humilde casa, para ello todos nos tuvimos que involucrar, y era “bonito” el hecho de ver a mis hermanos todos juntos limpiando y ayudándose de una manera natural pero diferente, pues era una visita importante, aunque con escombros por un lado por una “churuata” (Bohío) que se piensa hacer, para los futuros compartir que tengamos en nuestras instalaciones, que ayudará a la familiaridad y compartir natural, en medio de este clima oriental en  el cual nos encontramos y formamos.

El visitador fue Mons. Jaime Calderón, Obispo auxiliar de la Diócesis de Michoacán-México, un pastor que nos mostró su humildad, familiaridad, y sencillez, y de quien destaco su apertura para con su experiencia dentro y fuera del seminario donde se formó, experiencia como sacerdote y, esta misión que le han encomendado en México hace ya dos años, como Obispo auxiliar. Él no se olvida de su cercanía hacia los seminaristas, ya que son para él hermanos y su segunda familia.

Uno de mis compañeros de camino, antes de finalizar la visita, al momento de encontrarnos reunidos con Mons. Jaime, le preguntó: ¿Mons. Qué fue lo primero que le sorprendió de nuestro seminario, y qué concejo nos puede ofrecer como comunidad? Él de una forma muy jocosa respondió: ¡la familiaridad, el clima familiar!, sencillo. Recordando una expresión de algún sacerdote, nos decía: ¡soy de los que comparto la idea de que, “prefiero tener seminaristas de oro en seminario de Paja, que seminaristas de paja en seminario de oro”!  Haciendo alusión a que donde estemos no nos creamos más que nadie, valoremos lo que somos, y lo que podemos ofrecer en nuestro seminario durante el tiempo que dure nuestra permanencia en el. Que dejemos muchas ideas que nos cierran al mundo de hoy, recordándonos que somos los futuros pastores de diversas comunidades, pobres y necesitadas, del oriente Venezolano, que debe avivar en nosotros una alegría evangélica, que somos personas donde debe prevalecer la humildad de corazón y la sencillez de Jesucristo, el Buen Pastor.

Como una idea ultima de esta corta y grandiosa visita esperanzadora, nos invitó a animarnos, a luchar y amar esta opción de vida, no importa que mañana pasado, quizás nos retiremos, pero ¡luchen por seguir teniendo a Cristo en sus corazones para que los ayude a configurarse con él y sus enseñanzas, aprendan a mojarse, y tengan presente las palabras de la Virgen María, a Jesús, en las Bodas de Cana “hagan lo que él les diga”. Dios les bendiga y sea él quién les ayude a ser buenos y santos sacerdotes. Cuentan con mis oraciones, como yo con las suyas!.

Así se dio a expresar esta gran visita.





Yohan Solórzano 
(4to. De Teología) 
Ciudad Bolívar-Venezuela











3 de noviembre de 2014

"Nadie entra al seminario a ciegas a ver aquí cómo me bandeo, hay un camino previo”

Publicado por deia

“Para Dios no hay nada imposible”, dice Uribelarrea, pero, dada la elevada edad de los curas y la proporción de seminaristas, “el relevo no está garantizado”

 Dice Aitor Uribelarrea que el seminario de Bilbao es un gran desconocido hasta para los feligreses de misa dominical. “Todavía piensan que estamos en Derio. Si en Derio yo no he estado ni de seminarista y llevo 21 años ordenado”, comenta. Aunque hace 35 años que el edificio no alberga un seminario, conserva el nombre. “El seminario no es un edificio, sino un lugar donde unas personas viven, se forman, oran, comparten...”, explica y abre sus puertas.

¿Cuántos seminaristas hay actualmente en la CAV?

-Según las previsiones, en Vitoria iba a haber dos, en Donostia seis o siete y en Bilbao somos once.

¿Ha aumentado o disminuido esta cifra en los últimos años? ¿A qué cree que se debe?

-Va aumentando poco a poco. Toda vocación es un don de Dios y él da aquello que cree conveniente. También es verdad que una vocación florezca depende mucho del ambiente en el que es cultivada. Desde el seminario y en algunos núcleos de la diócesis se está poniendo más esmero en esos pequeños espacios donde se puede escuchar con más facilidad la llamada y dar una respuesta.

¿Cuántos seminaristas de Bilbao se han ordenado sacerdotes?

-Hace dos años se ordenaron tres, en 2013 no hubo ninguna ordenación y este año, en junio, se ordenó uno. El pasado día 12 tuvimos dos ordenaciones diaconales.

¿El relevo generacional de los sacerdotes está garantizado?

-La Iglesia ya no volverá a ser lo que ha sido. Tendría que darse un cambio radical. El obispo en una visita el año pasado dijo: La diócesis ha bajado de 300 curas y ya nunca vamos a llegar a esa cifra. Para Dios no hay nada imposible, pero entre la gente que se muere, se jubila o está incapacitada y la proporción de los que se ordenan, el relevo no está garantizado. La media de edad es muy alta y se prevé que en diez años la diócesis tenga 50 o 60 curas en activo.

¿Son jóvenes los seminaristas?

-Hay dos grupos: los que han entrado jovencitos, al acabar el bachillerato o la carrera, y el 50% restante, que es gente adulta que ha hecho su vida, ha trabajado, ha tenido opciones y se plantean esta posibilidad. Evidentemente no han estado casados antes.

“La Iglesia no volverá a ser lo que ha sido. Tendría que darse un cambio radical. En diez años habrá 50 o 60 curas en activo en Bizkaia”
“Hoy, gracias a Dios, uno no tiene que entrar a una institución eclesial para cursar unos estudios o tener
¿Hay algún extranjero?

-De once solo hay uno. Su familia vino de Colombia en el año 2000 y él se ha ido planteando la vocación.

Como cualquier nuevo proyecto en el que uno se embarca, entrar al seminario debe dar respeto.

-Nadie entra al seminario a ciegas a ver aquí cómo me bandeo. Hay un camino previo, por lo menos de un año, en el que vienen frecuentemente, dialogan conmigo y con el director espiritual, participan en retiros o encuentros...

Antaño muchas familias enviaban a uno de sus hijos al seminario para procurarle unos estudios. ¿Conoce algún caso similar?

-No. Hoy, gracias a Dios, uno no tiene que entrar a una institución eclesial para cursar unos estudios o tener una carrera. Antes había dos tipos de seminario: el seminario mayor, para quienes querían ser sacerdotes, y el seminario menor, donde muchos iban a cursar estudios sin la intención clara de ordenarse. Eso hoy no existe en ninguna diócesis del País Vasco.

¿Por qué acuden la mayoría, qué buscan en el seminario?

-Es muy difícil expresar un sentimiento vocacional a una persona que no tiene esa sintonía. Sin ser una cuestión egoísta, uno lo que busca es que su vida sea plena y satisfecha y uno puede ser feliz poniendo su vida no tanto en sí mismo, sino en los otros.

¿Cuáles son los principales miedos o inquietudes que tienen?

-Entrar al seminario es una opción importante, pero no es la definitiva. Es un proceso de discernimiento. La vocación es como si voy a comprar un traje. Si no está hecho a medida, igual me tienen que coger el pantalón o las mangas, pero, claro, si el traje me tira por todos los sitios... A lo largo de estos años, a través de los estudios, del plan de formación, de la práctica pastoral, uno va probando si con este traje está cómodo. Si no estás cómodo, tu sitio en la Iglesia es otro. Dios no llama a nadie para hacerle perder la vida ni hacerle sufrir, sino todo lo contrario.

¿Todos acaban ordenándose sacerdotes o de vez en cuando alguno abandona este camino?


-La mayoría de los que entran llegan a ordenarse. Yo he pasado por todos los estamentos: pastoral vocacional, formador y rector. En el tiempo que llevo, y este ya es mi decimotercer año, dos personas no han seguido. El seminario quiere responder a una necesidad de la Iglesia, que es formar a sus curas, pero sobre todo a una necesidad particular, que es: yo, que siento esta inquietud, cómo puedo darle cauce. La Iglesia tiene la obligación de acompañarles en el camino.


31 de octubre de 2014

Fines de la dirección espiritual en el seminario

Miguel Navarro Sorní

      
Ante el panorama que acabamos de describir, ¿qué servicio, qué ayuda ofrece la dirección espiritual a los seminaristas? ¿Cuáles son los fines principales que debe perseguir?

      Ante todo, la dirección espiritual presta el gran servicio de favorecer el crecimiento humano y espiritual del candidato. El seminario es un tiempo de formación, de educación en los valores humanos, morales, intelectuales y espirituales requeridos para el sacerdocio. Un tiempo que ayuda al crecimiento personal global del seminarista, procurando la integración como personalización de todos los elementos que forman parte de su formación, a fin de ponerlos al servicio de la vocación que ha recibido, al servicio del dar cuerpo a Cristo. El director, a través de sus consejos e indicaciones, recomendando lecturas, fomentando la piedad eucarística y mariana, ayudando a penetrar en el misterio de Cristo a través de los recursos litúrgicos, enseñándole a valorar el silencio y la oración, el sacrificio y la moderación, etc., va plasmando el ánimo del candidato y encaminándolo a la santidad, que es el fin último de todo camino espiritual.

      En especial, la dirección espiritual de un seminarista debe buscar ayudarle a discernir su vocación, lo que Dios espera y quiere de él, y adquirir cada vez mayor certeza de la misma. No hay madurez cristiana ni plenitud vocacional sin un discernimiento adecuado, y el servicio esencial del director espiritual, sobre todo en la primera etapa del seminario, hasta el rito de admisión (aunque no es fácil precisar esto, pues cada persona tiene tiempos de maduración distintos), es propiciar ese discernimiento, ayudar a hacerlo efectivo, liberando al candidato de los riesgos del “subjetivismo” vocacional; de modo que pueda distinguir lo que es y supone una auténtica vocación (que es siempre eclesial, nunca individual-subjetiva) de la imagen ideal, a medida de los propios gustos, construida por uno mismo. En este sentido, hemos de concienciar a nuestros seminaristas de que deben valorar la dirección espiritual como un medio excelente para la verificación de su capacidad de respuesta a Dios, del camino de crecimiento en su vocación; como un trabajo espiritual metódico, que permite en todo momento dar un vistazo, una ojeada de conjunto, con verdad y libertad, sobre su camino de seguimiento del Señor, para ir evaluándolo continuamente sin auto-engaños.
      Por otra parte, en un segundo momento la dirección espiritual presta al candidato una valiosa ayuda para profundizar en concreto, paso a paso, en su vocación, estimulándole a definir los perfiles concretos de ésta, lo que le exige, las aspiraciones, ideales, compromisos y opciones que comporta, a los que le obliga y que debe ir haciendo propios. Le ayudará a adquirir las virtudes y actitudes propias de un presbítero, que comience a vivir la santidad que necesita para el ejercicio del ministerio; una santidad que, dadas las características de nuestro mundo, tendrá que concretarse en un testimonio de la presencia salvadora de Dios, del valor insustituible de lo sagrado, de la prioridad de la contemplación y el valor de la oración, la importancia de la conversión y la penitencia, el don de sí mismo hasta el sacrificio, el ideal de la caridad, de la justicia y del compromiso cristiano, etc.
      En suma, la finalidad de la dirección espiritual será facilitar al candidato la respuesta más fiel posible a su vocación, la entrega total a Dios que le llama. De ese modo, la dirección espiritual motiva al seminarista a responder con más ilusión a su vocación, a ser más fiel a la llamada. Es una ayuda que promueve y sostiene la continua fidelidad y generosidad en la respuesta a la vocación de Dios. Por eso la dirección espiritual debe ser siempre motivante, debe suscitar ideales altos, metas nobles, grandeza de espíritu. Uno de sus cometidos es evitar la mezquindad en la vida espiritual, que conduce a la disipación de ésta.

      En esta misma línea, la dirección espiritual ayudará al seminarista a prevenir las crisis, pero también, como éstas son ineludibles, deberá educarle a “gestionarlas”, de manera que los momentos de crisis sean de crecimiento, oportunidades para la purificación y el afianzamiento vocacional.

      Sobre todo, la dirección espiritual de los candidatos al sacerdocio debe perseguir conducirlos a una identificación cada vez mayor con Cristo, de manera que lo transparenten en su vida concreta. No bastará procurar que cultive en sí mismos todas las riquezas del amor de Dios, sino que las vivan como un don para el mundo, teniendo en cuenta que no hay un estilo o una forma específica de santidad sacerdotal, pero ésta siempre deberá ser un acto de abandono, de entrega total de sí mismo a Dios, como hizo Cristo, modelo supremo del sacerdote.

      De acuerdo con esto y de un modo muy especial (en ello insiste PDV 50, texto fundamental) la dirección espiritual en el seminario tiene un cometido relevante, principalísimo a la hora de formar en el celibato, ayudando a discernir y educar los afectos. Debe lograr que el seminarista comprenda que la radicalidad de su compromiso (que le obliga a ser casto, pobre y obediente) es una derivación y al tiempo expresión de la caridad pastoral, la cual le urge a asumir un determinado estilo de vida, “crucificado con Cristo”, caracterizado por la renuncia a aquellas actividades, vínculos o afectos que, aun siendo buenos y nobles en sí, dificultan la disponibilidad ministerial, la entrega total a Cristo y a la Iglesia; renuncias que no tienen sólo un objetivo ascético, sino primordialmente pastoral y más específicamente de caridad pastoral.


      Unos objetivos nada fáciles de alcanzar, como tampoco es fácil decir por qué medios concretos obtenerlos. Lo importante es que el director, siempre con discreción, equilibrio y prudencia, preceda al dirigido con su propio testimonio de vida sacerdotal entregada, que, al fin y al cabo, es la mejor pastoral vocacional.

FUENTE ALMUDI


30 de octubre de 2014

Necesidad de la dirección espiritual personalizada en el seminario

Por Miguel Navarro Sorní

    
  Pues bien, en contra de todo esto debemos afirmar que el acompañamiento o dirección espiritual personalizada de un seminarista no es en modo alguno un lujo, ni un capricho, sino un elemento esencial en su itinerario de crecimiento en la fe, de discernimiento de su vocación y de formación en los compromisos de la misma.

      Ante todo, es una tarea complementaria y co-esencial, junto con el acompañamiento y la formación comunitarias (espiritual, teológica y humana) que se dan en el seminario, pero teniendo en cuenta que no la sustituyen en absoluto. Sería equivocado pensar que el itinerario espiritual comunitario de un grupo de seminaristas (es decir: los actos de piedad corporativos que realizan, los retiros y ejercicios que tienen, las homilías y charlas que escuchan, etc.) o la formación teológica que reciben puedan suplir el acompañamiento de cada seminarista por un director espiritual. Los documentos magisteriales insisten en que otras formas comunitarias de formación espiritual no deben sustituir nunca a la dirección espiritual personalizada, destacando sobre todo el papel que ésta tiene en la asunción o asimilación personal de la formación espiritual comunitaria por parte del seminarista, así como en la armónica integración de todos los elementos y contenidos formativos que en el seminario recibe, de cara a su vivencia en el sacerdocio.

      Precisamente los motivos de la crisis de la dirección espiritual que hemos indicado hacen que ésta sea hoy más urgente, no como un añadido o complemento superficial para algunas “almas” aventajadas, sino como un elemento exigido por la misma pedagogía de la vocación para su maduración y la llegada a su fin propio, como pone de relieve PDV 42, al comenzar el capítulo 5º, dedicado a la “formación de los candidatos al sacerdocio”, cuando trae a colación el texto clásico de Mc 3,13-15, donde se dice que Jesús “subió al monte y llamó a los que él quiso, y vinieron con él. Instituyó (eligió) doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar”. Un “estar con” Cristo que Juan Pablo II interpretaba o traducía hermosa y sugestivamente como “el acompañamiento vocacional” de los apóstoles por parte de Jesús.

      Un “estar con Cristo” que no es innato, que no brota espontáneamente, al contrario, cuesta ya que se ve constantemente entorpecido por la fuerza del pecado que está en nosotros; por eso el Señor exhorta machaconamente en el capítulo 15 del evangelio de san Juan a permanecer en él, en su amor, pues sabe lo difícil que es. Una permanencia que hoy en día resulta más difícil que antaño, si tenemos en cuenta la situación psico-sociológica y cultural, el ambiente vital en que viven los jóvenes, de donde salen los candidatos al sacerdocio (pues éstos son tomados de entre los hombres no caídos del cielo); una situación y un ambiente que dificultan su estar con el Señor, para lo cual necesitan ser ayudados por una persona experta en ello, con experiencia, que los acompañe guiándoles. En efecto, la dirección espiritual personalizada de los seminaristas es particularmente exigida hoy:

      Por la confusión en que viven los jóvenes, debido al eclipse de valores objetivos que sirvan de puntos firmes de referencia. Dicho con otras palabras: no es extraño que entre en el seminario gente con muy buena voluntad pero con ideas poco claras (por ejemplo, sobre el pecado, o sobre la oración, o sobre lo que es la Iglesia), y el director espiritual, en colaboración con los restantes formadores del seminario, tiene la importante tarea de ayudar personalmente a cada candidato a clarificar y purificar sus ideas en el plano espiritual y moral.
      Por el secularismo imperante (elevado a norma de vida) que hace que el criterio de las elecciones de la vida personal y colectiva ya no sea la Palabra de Dios (los valores cristianos). Por eso es necesario un “instructor”, un guía, un referente activo espiritual, y no un mero acompañante pasivo.
      Por la subjetividad de la que ya hemos hablado, que se manifiesta especialmente en las elecciones y en las actitudes cotidianas, ordinarias, hechas muchas veces con el criterio del capricho o del sentimiento, que acaba afectando a las elecciones y a las actitudes importantes, de fondo de la vida. Una subjetividad que puede expresarse en la búsqueda, en el plano espiritual y pastoral, de la “gratificación” inmediata, de aquellas experiencias que resultan agradables, postergando en cambio las difíciles y dolorosas; o también en confundir la libertad con el “sentir”, con el gusto, la apetencia; o que se manifiesta como una exigencia de querer verificar los “signos vocacionales” en términos de experiencia sensible, eludiendo el trabajo, la paciencia y la fatiga que supone el discernimiento espiritual; o como indecisión enfermiza, etc., etc. El director espiritual activo se necesita para depurar todo esto.

      En especial, la dirección espiritual personalizada es exigida hoy en día por la tendencia, podríamos decir casi connatural en los jóvenes, de prestar más atención a lo extraordinario que a lo ordinario, a lo vistoso y raro más que a lo común y habitual (por ejemplo, no se tiene inconveniente en dedicar una gran cantidad de tiempo y esfuerzo a preparar un encuentro o vigilia de oración para un grupo, y en cambio se descuida la oración diaria). De esta tendencia procede la dificultad que experimentan muchos jóvenes para conjugar el presente y las pequeñas decisiones presentes, que preparan sin darse cuenta el futuro, con su proyecto global de vida. Para salir de todo esto hace falta un guía, un entrenador espiritual.


      Por todas estas razones (y mucha más) la dirección espiritual personalizada de un seminarista es no sólo útil y recomendable, sino además necesaria y obligatoria, fundamental. No está de más recordar que la dirección espiritual de los candidatos al sacerdocio es un elemento institucional en su formación. La Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis de la Congregación para la Educación Católica, publicada en 1985, afirma en su nº 55 que la dirección espiritual personal no es simplemente aconsejada, sino oficialmente requerida a todo seminarista; no es sólo uno más de los medios útiles para su formación sino más bien un medio necesario, indispensable e ineludible. Hasta el punto que las Directrices sobre la preparación de los educadores en los seminarios, la definen como “un hecho esencialmente teologal y eclesial”, más que pedagógico o asistencial, que el dirigido debe vivir “como medio y estímulo para el propio camino de fe y de obediencia a la voluntad de Dios” (nº 61).

FUENTE:ALMUDI