La crisis como posible buena noticia

XIII Encuentro de Seminaristas y formandos religiosos

Del 24 al 31 de agosto en Guanare -Venezuela

El problema de la transferencia

En el ámbito del acompañamiento espiritual

La formación de los formadores, grande reto de la formación

Entrevista completa de Mons. Carlos Patron Wong, Secretario para los seminarios

El Cibersexo

Una tentadora y encantadora triste realidad!!!

30 de agosto de 2014

Osoro, un arzobispo en tres anécdotas: Los jóvenes, los seminaristas y el clero!

La juventud, el seminario y el clero han sido las grandes ocupaciones de don Carlos en los cinco años y cuatro meses que ha servido en la Iglesia de Valencia.

Cinco años son muy pocos en la vida de una diócesis, que poco o nada tienen que ver con el gobierno de una ciudad o una provincia. Muchos así lo dicen, aunque otros recuerdan que a Jesús le bastaron tres años de vida pública. Sí, pero eran otros tiempos.

Durante varios años estuve acompañando como periodista, a Don Carlos Osoro por los rincones de la diócesis valenciana. Mensualmente celebra dos vigilias de oración con los jóvenes, una en la Basílica de la Virgen y otra en alguna parroquia. Allí he visto a centenares de niños, adolescentes, jóvenes y mayores cantando, orando, y quizá haciendose preguntas sobre el sentido de sus vidas. Recuerdo que en una parroquia en mitad de la ceremonia se apagó la luz al incendiarse en el exterior del templo el transformador de electricidad del que salían altas llamas. Se lo dije a don Carlos, quien concluyó la oración y con gran serenidad invitó a los presentes a salir ordenadamente de la iglesia, mientras con gran tranquilidad procedía a apagar las velas del altar y era el último en salir del templo.

Don Carlos es una persona serena, (pero que tiene carácter) y destaca de su personalidad una cálida voz con la que de forma incansable reitera la alegría y belleza del amor cristiano. "Alegría" "belleza": esas son las palabras más repetidas por el arzobispo don Carlos en sus cartas semanales.

A don Carlos le marcó haber sido rector del seminario de Monte Corbán en Santander. Y creo que siempre ha querido seguir siendo rector de Seminario. Cuentan que en una de sus habituales reuniones con los seminaritas apuntó en la pizarra su teléfono movil para ponerse a su disposición personal. Y claro ya pueden imaginarse que cada dos por tres recibía llamadas por todo tipo de cuestiones. Pero junto a su constante presencia con los seminaristas, muchos destacan su presencia personal en el centro de orientación vocacional que él mismo creó y que ya ha dado relevantes frutos.

El Clero ha sido otra de las preocupaciones del arzobispo Osoro. Disfruta estando entre curas e interesándose por sus vidas y milagros. Para él es como si no pasara el tiempo. Uno de ellos me comentó su gran alegría al haber querido visitar don Carlos a su madre enferma... "pero como no se iba se me hacía tarde para ir a oficiar la misa... le tuvimos que decir que ya se estaba haciendo tarde..."


Jesús hablaba en parábolas. Monseñor Osoro con su tiempo, con sus gestos, ha venido indicando a quien quisiera escucharle el camino que debía seguir la Iglesia valenciana. En sus palabras de despedida don Carlos ha dicho que ha aprendido mucho de los valencianos. Sin duda, todos hemos aprendido de este pastor infatigable.

PUBLICADO POR: El mundo. es


26 de agosto de 2014

El seminario, corazón de la diócesis!

Por Luis Alva

 “Todos los sacerdotes deben considerar al Seminario como el corazón de la diócesis y prestarle gustosamente su ayuda” (OT 5).

Los Padres conciliares con esta afirmación/recomendación nos comprometen a ver en el seminario no un órgano más del cuerpo que es la Diócesis, sino, ver en el seminario al órgano más vital de la diócesis que es el cuerpo.

Podemos deducir de esta afirmación conciliar tres aspectos fundamentales. En primer lugar que tiene destinatarios exclusivos, a los sacerdotes. En segundo lugar, el seminario es considerado como el corazón de la diócesis. Y por último, (los sacerdotes deben ) prestarle gustosamente su ayuda. 

Todos los sacerdotes deben considerar al seminario como el corazón de la diócesis:

Si este deseo se hiciera realidad, (pienso) que los seminarios estuvieran llenos de seminaristas, por una parte. Por otra parte, los seminaristas recibirían formación de calidad,  no padecerían ninguna necesidad que perjudique sus formación y al finalizar su formación en el seminario verían a los sacerdotes como sus hermanos mayores y harían lo mismo con los seminaristas en curso. 

Sin embargo, la realidad es otra. Cuando finaliza la estancia en el seminario, sólo se regresa a él para alguna reunión del clero, por alguna fiesta importante o por una u otra situación. Más por la "consideración" yo creo que poco o casi nada. 


Prestar con gusto ayuda al seminario:

Deducimos que están a referirse de ayuda humana, económica y espiritual. Afirmo que sin una "consideración" esto último no se lleva a cabo. 

Es curioso y sucede que en las diócesis con gran número de sacerdotes y la mayoría con alguna especialización los formadores no encuentren sacerdotes especializados disponibles. "El seminario paga poco", "para el seminario hay que preparar las clases", son unas de las justificaciones para no asumir una responsabilidad en el seminario como educador. Esto también sucede a la hora de encontrar directores espirituales, confesores, retiristas, etc. El "dar gratis lo que recibiste gratis" no ha calado en lo más intimo de la conciencia.

Sigo afirmando que si hiciéramos realidad esta afirmación los seminaristas recibirían una formación de calidad. Cuanta falta hace los medios económicos para brindar una formación de calidad! Las colectas "para el seminario" son una carga más para las grandes necesidades que atraviesan las parroquias, por eso ya casi han desaparecido. La antigua costumbre del sacerdote bueno que junto a sus fieles realizaban campañas de alimentos y de productos de aseo para los seminaristas ha pasado al recuerdo de una buena acción generosa.

Las horas santas vocacionales de los jueves en algunas parroquias siguen celebrándose, en otras han desparecido, pues, el padre ya tiene muchas actividades.

He quedado con asombro al momento de preguntar a algunos sacerdotes si para este año académico necesitaría algunos seminaristas para realizar en sus parroquias las actividades pastorales de fin de semanas, pues las respuesta han sido que las actividades pastorales de la parroquia tienen buenos catequistas.

Estoy sorprendido y alegre, trabajo en una diócesis muy pobre económicamente, sin embargo, los sacerdotes cada mes no dejan de dar su colaboración (productos alimentarios o dinero) para ayudar a cubrir el presupuesto anual del seminario. Bendito sea Dios!

A simple vista, esto parece un reclamo y todo parece negativo. Sabemos que no es así! También hay (y es la mayoría) sacerdotes comprometidos con aquella casa que los vio crecer espiritualmente, humanamente y vocacionalmente. Conozco a un sacerdote que cada quince días llega al seminario en su "bonita" camioneta repleta de alimentos y algunas golosinas para los seminaristas; los seminaristas lo llaman "el padrino". También, va algunos sábados a jugar fútbol y algunas veces reza y come con los seminaristas. 

A partir de estas ideas (dispersas y en negativo) he sacado algunas preguntas que tú y yo necesitamos reflexionar para "hacer" de el seminario un verdadero corazón de la diócesis! Con un corazón sano y fuerte, tendremos una diócesis sana y fuerte!

1. ¿Sientes al seminario aún como tu casa?
2. ¿Cuántas veces al año visitas el seminario y a los seminaristas?
3. ¿Crees tener algún compromiso con el seminario?
4. ¿Tu parroquia tiene o está sensibilizada con la formación sacerdotal?
5. ¿Qué actividades parroquiales concretas realizan a favor de las vocaciones sacerdotales?
6. ¿Prestas algún servicio en el seminario, como profesor, director espiritual, confesor, etc.?
7. ¿O no te pidieron que colabores en el seminario?
8. ¿Los formadores ven en tu persona un hombre disponible a colaborar en el seminario?
9. ¿Conoces algún seminarista? ¿Menciona el nombre de 5 teólogos?
10. ¿Tienes algún seminarista amigo?
11. ¿Cuantos jóvenes de tu parroquia se forman como seminaristas?
12. ¿Colaboras con alguna "cosa" en favor de la formación sacerdotal?
13. ¿Si el obispo te nombra formador estás disponible y preparado para tal responsabilidad?
14. ¿Cuándo eras seminarista alguien te apoyó (algún sacerdote)?
15. ¿Cómo te gustaría ayudar en la formación sacerdotal?


Gracias!




















25 de agosto de 2014

María y un seminarista en Nazaret

Autor: Ma. Susana Ratero

Pide por todos los seminaristas, para que, en medio del ruido del mundo, puedan escuchar la voz de María que los acompaña.
  
Durante la misa, nuestro Obispo es asistido en ella por un sacerdote, dos monaguillos y un seminarista de quien, y por casualidad, apenas sé su nombre.

Me pregunto, Madre querida, cuál habrá sido el camino que debió recorrer ese joven para llegar hasta...

- Hasta un especial sitio en mi Inmaculado Corazón.- Me respondes mientras le miras desde tu imagen del altar.

- Madre, por caridad, cuéntame lo que él y tantos como él, significan para ti.

Tu imagen de La Dolorosa, al pie de la Cruz, y junto a San Juan, parece murmurar una respuesta. Así es Madre, tu siempre eres para tus hijos, respuesta serena al alma.

- Verás, hija, desde aquellos tiempos en que veía a los Apóstoles ir recorriendo lentamente los caminos que Jesús les mostraba. Desde que aprendí a conocer sus dudas, sus preguntas, sus renuncias. Desde aquellos días mi corazón ha ansiado ser compañera de camino en quienes entregan su vida al servicio de Dios. Ese camino que empezó, para mí, el día de la Anunciación, en medio de un indescriptible gozo, pero que continuó, más tarde, en medio del silencio y la rutina de Nazaret.

- Comprendo, Madre, o casi... pero, a ellos, a nuestros seminaristas, ¿Cómo les acompañas?

- Cuando un alma escucha el llamado de Dios y responde, le invito a compartir mi alegría en el día de la Anunciación. Luego, le acompaño fielmente en las dificultades que debe afrontar, pues les espera un viaje a Belén, no programado, y muchas puertas que han de cerrarse. Tendrá una Nochebuena con canto de ángeles y también un Simeón anunciando espadas. Deberá buscar, en medio de tantas noches oscuras, un sitio seguro para resguardarse de las tentaciones. Oh! Hija, no puedes imaginar cuán hermoso, sereno y perfumado, es el sitio que tengo reservado para ese amado hijo.

-Es ¿Tu Corazón? O sí, seguro ha de ser tu Corazón, Madre querida. Allí tienes, para el alma, una exquisita ternura, un refugio seguro en las tormentas del alma, y, sobre todo, el camino más corto, seguro y fácil para llegar a Jesucristo.

-Así es hija. Desde mi corazón, le llevaré a los días en que Jesús se perdió y yo le buscaba. Le contaré que muchas veces deberá hacer esta búsqueda a lo largo de su vida. Después, le traeré conmigo a los días de Nazaret, al silencio, a lo cotidiano, a las pequeñas cosas.

- Entonces, Madre, un seminario ¿Es como un pequeño Nazaret?

- Pues... sí.

- Y, si es Nazaret, entonces ¡estas tú!. Siempre, cada día, cada mañana.

- Cada mañana- y tus ojos parecen recorrer todos los seminarios del mundo-, cada mañana le pregunto, si quiere permanecer junto a mí en Nazaret. Y su "sí" me alegra el alma. Y nos vamos juntos a buscar agua al pozo. Él alivia mis cansados brazos y yo le sirvo agua fresca cuando estudia en la biblioteca. También me ayuda a cargar la leña y encender el fuego y yo le regalo gracias a su alma, para que su oración no sea una simple repetición de palabras sino un torrente de amor que, desde su corazón, llegue al Corazón de Jesús.

Miro hacia el altar y allí, en un rincón, en un Nazaret de silencio, el joven seminarista se arrodilla durante la Consagración.

- Hija mía- susurras a mi corazón- ahora soy yo la que quiere pedirte algo.

- Dime, Madre, dime, pues mi corazón halla gozo en servirte.

- Ora, hija, ora por ese joven y por todos los seminaristas. Ora para que, en medio del ruido del mundo, puedan escuchar el canto del viento de Nazaret, el perfume de aquel hogar, que ahora habitan. Ora para que, cada mañana, su corazón elija, nuevamente, acompañarme al Corazón de Jesús, de donde brotan ríos de agua viva.. Ora para que sientan mi mano en la suya, mi abrazo en la noche oscura del alma, mi compañía en cada día, en cada alegría, en cada soledad, en cada pena. ¿Puedo, hija, contar con tus oraciones?.

-Sí, Madre, sí, y perdóname por no habértelas ofrecido antes. Perdóname por haber esperado, cómodamente, que siempre haya un sacerdote en la parroquia, sin haber pensado que, para hallarlo, primero debió existir un seminarista que, cada mañana, eligió ser tu compañero en Nazaret. Que sintió tu mano, cuando yo sólo le regalaba olvido, que sintió tu abrazo, cuando yo ni siquiera me preocupé por saber su nombre.

La misa ha terminado. Todos se han retirado. El joven seminarista atiende los pequeños detalles para la siguiente misa. Ahora sé que está contigo en Nazaret, ordenando la casa, esperando a Jesús.

Te regalo, Madre, mi oración por él. Regálale tu, todo el perfume de Nazaret.



NOTA DE LA AUTORA "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna."

PUBLICADO ORIGINALMENTE POR: Catholic.net


23 de agosto de 2014

De llamarle la atención los seminaristas a un ejemplar cardenal. Entrevista exclusiva al cardenal Amigo!

Por Luis Alva

Estudiaba medicina en la Universidad de Valladolid  y "su corazón estaba inquieto" hasta que se decide ingresar al noviciado de los Hermanos  menores. 

Han pasado ya 60 años desde aquella acertada decisión. Hoy tiene 80 años de vida, 54 de sacerdote, 41 de arzobispo y 11 años como cardenal, y aún tenemos a un hombre lleno de vida, fervoroso y de gran espiritualidad. 

En los inicios de su vocación esta la "llamada de atención"  causada por los seminaristas al pasar todos juntos de traje talar. Luego la alegría de un sacerdote le llama la atención. Él lo ha contado todo sobre su vocación, y señala que es una "vocación por contagio". 

A continuación te presento una entrevista al Cardenal amigo realizada por infovaticana. 

Su vida y su vocación son dignas de ser conocidas.
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Por empezar desde el principio. Dejó la facultad de medicina para irse al seminario. ¿Podría contarnos cómo surgió su vocación al sacerdocio? He leído esto de una entrevista hace más de 30 años: “En realidad fue un primo mío franciscano que vino a mi pueblo, Medina de Rioseco, a decir su primera misa. Me encantó su alegría, su talante, su manera de comportarse incluso. Pensé que aquello era lo mío”.

Tenía desde niño un cierto atractivo por lo religioso. Me gustaba ir a la Iglesia y leer en un misal viejo que teníamos el Evangelio del Domingo. Estudiando medicina en Valladolid me llamaban mucho la atención los seminaristas, que les veía pasear por la ciudad todos juntitos. Curiosamente a mis compañeros no les llamaban la atención nada. Nunca les oí decir “pues mira los seminaristas” o “llevan pelada la cabeza” o nada.

Después vino al pueblo un pariente mío que celebraba su primera Misa en casa de mis padres, sus tíos, y me sorprendió verle a él y a sus compañeros porque eran personas distintas, no digo que peores o mejores. Eran personas alegres, se conformaban con todo, daban las gracias por todo, nunca hablaban de sí sino que se interesaban por uno, y todo aquello me llamó la atención.


No fue una respuesta inmediata, seguí en la facultad hasta final de curso, que vi las cosas lo suficientemente claras para seguir ese camino de los franciscanos. No hubo ninguna reflexión filosófica, ninguna crisis personal… sino que fue una vocación por contagio. Así de simple.

Dicen de usted que su afinidad con Bergoglio se debe a que usted es el Franciscano más jesuita, mientras Bergoglio es el jesuita más franciscano…

(Risas) No sé si será así, pero puede ser. En Valladolid tuve mucho contacto con los jesuitas, en las congregaciones marianas. Siempre tuve atractivo por ellos, pero particularmente como universitario. Tenía un amigo, el director de la congregación, que me decía, cuando le conté mi decisión: “Hijo, ¿por qué no te has hecho jesuita?” y yo le respondí “Pues porque tú no te has hecho franciscano”…

Cuando fue nombrado provincial de Santiago, su padre le dijo: “Hijo, lo que quiero es que seas un buen fraile. Todo lo demás no importa“. ¿Ha sido un buen fraile?

Siempre he tratado de serlo, pero te das cuenta de que es mucho más el camino que te queda por recorrer que lo que has recorrido. Aunque uno no se arrepienta de lo que ha recorrido sino que está satisfecho de lo que ha hecho. Hay una obra que se llama “un fraile vestido de cardenal” y efectivamente, a mí me rascáis un poco y aparece el hábito franciscano.


En Tánger “practicó un ecumenismo real” dice su biógrafo, Juan Schreiber. ¿Podría contarme sus recuerdos de esos años?

Son enormes, además esos días los estoy reviviendo mucho. En una de esas crónicas sobre libros que me gustan leer encontré una novela, “El tiempo entre costuras”, que me está haciendo revivir muchas de las cosas, porque los ambientes son como eran.

Ahí convivía gente de todo tipo, desde santos, hasta mangantes, espías, de todo… El trabajo que había que hacer ahí era acercarse a la gente, sin pedir el carné de identidad. Había de todo, incluso alguna familia que durante el nazismo tuvo que alojarse ahí, y les acogieron los frailes.

Recuerdo el rabino, un hombre muy anciano, que me daba unos abrazos como si fuera su nieto, porque recordaba el apoyo que había tenido por parte de los franciscanos.

Sobre todo hicimos una labor muy importante ayudando a la mujer musulmana, y teníamos centros de formación, no profesional sino de oficios, para que aprendieran cosas y pudieran independizarse, tener su trabajo, sus ingresos… fue muy eficaz, y es una de las cosas de las que estoy muy satisfecho.

Sin duda una sociedad muy diferente a la de Sevilla, donde fue arzobispo casi 30 años. ¿Qué recuerdos guarda de esos años?

Todo. Como dice esa canción de mis amigos, los del Río, a quienes conocí cuando no eran famosos y tocaban la guitarra en el colegio de sus niñas: “Sevilla tiene un color especial”. Es una sensación intransmisible. Recuerdo a un catedrático de termodinámica explicándole a su hijo el fundido de la cera para una procesión, recordándole como se lo contaba su abuelo a él… Son vivencias muy familiares y muy sentidas.


Su renuncia por motivos de edad fue aceptada sólo 3 meses después de cumplir 75 años, mientras que Rouco y Sistach siguen mandando en sus diócesis con 77 largos. ¿Cómo interpreta esa rapidez?

No necesita ninguna interpretación. Simplemente uno manifiesta sus deseos al Santo Padre y él, bondadosamente, los acepta.

Ya como emérito. ¿Cómo es el día a día de un Arzobispo emérito? ¿A qué dedica su tiempo?

A lo que la gente me pide que lo dedique. Yo ya tenía programada mi jubilación desde hacía años, porque había visto gente caer en depresiones al jubilarse, y tenía programado hasta el horario. “Me levantaré a esta hora, haré la oración a esta, daré un paseo a esta otra…”.

Cuando acababa de tomar posesión el nuevo arzobispo, veníamos de la catedral y me metí en mi despacho y se me acerca y me dice “¿Qué haces?” y le digo “Estoy repasando filosofía, que hace tantos años que no me dedico a esto y quiero actualizarme” y me dice “es el colmo”. Y es que lo había pensado así.

Pero claro, te piden cosas, unos obispos que hagas un cursillo de nueva evangelización, otro que des unos ejercicios espirituales, una editorial te pide que hagas un libro de lo que sea, unos periodistas que les des una entrevista, etc… y me di cuenta de que lo mejor que podía hacer era no reservarme ningún tiempo para mí, no hacer planes. El servicio a los demás es el mejor plan que uno puede hacer.

Siempre he querido dedicarme a escribir, siempre he escrito pero podría escribir libros que exijan más estudio y reflexión. Tengo uno pensado que se llamaría algo así como “Pecados inteligentes”, pecados que no van contra la conciencia pero van contra la inteligencia.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo el agnosticismo, el relativismo, el fundamentalismo… El agnosticismo por ejemplo afirma “no se puede conocer a Dios”. Ningún científico negaría una hipótesis, por absurda que sea. La verificarás o no, o llegarás a un punto que dirás “por aquí no puedo verificarla”, pero hay otros caminos… Si el profesor Barnard hace el trasplante de corazón hace 80 años en lugar de hace 70 va a la cárcel inmediatamente por asesinato. Hoy en día el trasplante de corazón es una operación rutinaria.

Resulta alarmante el aumento de divorciados entre los fieles, de hecho el Papa ha convocado un sínodo extraordinario para tratar la pastoral familiar. El Cardenal Kasper ha prometido que los divorciados vueltos a casar podrán acceder en igualdad de condiciones a la Eucaristía. El Papa acaba de afirmar que la Comunión no debe ser considerada un premio, sino un remedio… ¿Cuáles cree usted que deberían ser los pasos a dar en ese sentido?

Lo primero, la causa de los divorcios es muy compleja, y va desde el capricho hasta razones tremendas de incompatibilidad. Desde situaciones económicas de que no hay más remedio que separarse y vivir cada uno con sus padres… Después hay muchos divorcios, pero ¿de qué tipo de matrimonios? Es lo que tendríamos que ver…

Otro tema distinto es el de la admisión a la Comunión de personas en situación irregular. Hay divorcios de hecho, divorcios camuflados, divorcios con papeles, divorcios sin papeles, etc… Y este tema quiere el Santo Padre que se estudie. Hasta ahora no se ha dicho ni sí ni no, ni todo lo contrario, sino simplemente que el Santo Padre quiere que se estudie. En algunas otras ocasiones ha salido también el tema pero la situación, hoy por hoy, es esta.

Pero hay cardenales que están aventurando ya conclusiones…

Sí, hay medios de comunicación que ya están diciendo que los cardenales dicen, pero yo no he hablado todavía con esos cardenales para que me lo digan. Con frecuencia el artículo lo hace el periodista y el titular el encargado de los titulares de la edición, y no siempre el titular corresponde al contenido. Por ejemplo en los titulares se evitan los adverbios, se utilizan frases categóricas…


Hablando de medios de comunicación… Usted aseguró en 2008, públicamente, que la Cope era “un dolor de cabeza”. ¿Lo es ahora 13tv? ¿O por el contrario cree que este medio representa fielmente los principios cristianos y es una “bandera de Caridad”?

Eso se lo dije a Iñaki Gabilondo en una entrevista. Un medio de comunicación es un dolor de cabeza, y el día que no lo sea, ese medio no sirve para nada. Un medio de comunicación te da una preocupación positiva. El mundo de la comunicación es complejo, es un riesgo… Si tú opinas públicamente tienes que aceptar que los demás te ataquen o te contradigan públicamente, porque el espacio público no lo tienes tú solo, lo tengo yo también…

El debate es si debe la Iglesia tener un medio de comunicación generalista…

Lo que ocurre es que un medio de comunicación tiene sus riesgos, y uno de esos es la libertad. Un periodista no se conforma con que le digan lo que tienes que decir. Nosotros hemos tenido ese problema, tanto en televisión como en radio: hay una línea editorial pero hay mucha sensibilidad a las mordazas. Por una cosa se quejan los de izquierdas, por otra los de derechas, por otra los catalanes, los vascos y los de mi pueblo…

Tenemos que aceptar todo esto sin tragedia, porque tampoco estamos en un avispero que no haya quien viva. Si quieres tener unos medios de comunicación que se abran un espacio en este mundo y que sean competitivos, deben ser fuertes económicamente. Sin claudicar de los principios tienes que tener buenos profesionales, y un profesional bueno cuesta dinero. Como un futbolista, aunque yo de fútbol prefiero no hablar porque mis colores están muy bien definidos y con muy poco presupuesto estamos muy arriba… Como decía nuestro querido Jesús Gil y Gil, “la división de honor no es la primera ni la segunda sino en la que esté el Atleti”.

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Francisco critica duramente el “carrierismo” en la Iglesia, el querer utilizar una diócesis pequeña para acceder a otra más grande. ¿Cree que eso se ha dado en nuestro país?

De una forma generalizada no, pero siempre hay personas. Yo creo que una persona en la Iglesia que busque el aplauso, primero es un vanidoso y segundo no sabe lo que cuestan los aplausos en la Iglesia.

¿A qué se refiere?

Pues estando uno 40 años de arzobispo, alguna vez te han aplaudido, y tocan las campanas cuando llegas al pueblo, y te abre la puerta del coche el alcalde, y te reciben las autoridades… También hay aplausos en zonas marginales que te saben a gloria, pero detrás de cada aplauso hay una vida en la que sientes la cruz casi todos los días.

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¿Qué cruz ha sentido usted especialmente?

La cruz más grande es la impotencia de no poder resolver el problema que te tiene abiertas las carnes, como el desempleo, las familias hechas cisco, etc… Esto ha sido la cruz que más me ha hecho sufrir.

Recuerdo en el colegio, en bachillerato, que existía la compensación. Si tenías puntos de sobra en asignaturas y suspendías una la podías compensar. Un compañero mío no tenía puntos para compensar y, fíjate la tontería, fuimos a hablar con el director para ver si yo podía cederle algún punto, que lo hacía gustoso. No nos echó a patadas del despacho porque era un hombre educado…

Recuerdo otra vez, en América, en un centro de los franciscanos donde la gente va a que le curen de cualquier cosa, hay cientos de enfermos que pasan ahí las noches, y hay médicos españoles que se van ahí en vacaciones… Miraba todo ello y pensaba “¿Qué haría yo por ayudar a estos buenos?”. Y dije: “Pablo, a ver qué podemos hacer” y me dijo “Vamos a guardar sólo para las tasas del aeropuerto”. Pero no resuelves nada, que un día puedas pagar la comida de aquella gente, nada más. Y esta es la cruz más grande que llevan los aplausos. Por supuesto en ese centro me recibieron con aplausos y me dieron un ramo de flores.

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Ya se atisba el final de la era del Cardenal Rouco. ¿Cómo valora sus años al frente de la CEE?

De una forma muy positiva. Yo creo que desde el punto de vista personal no conocen al Cardenal Rouco. Yo lo conozco desde hace muchos años, de Santiago, y es un hombre muy cordial, muy agradable, muy culto, y en la Conferencia Episcopal, en todos estos años, ha guardado una manera de actuar que no sólamente ha evitado muchos problemas sino que ha conseguido que la Conferencia Episcopal tenga un prestigio y una autoridad y que lo que se dice en la Conferencia Episcopal no cae de forma indiferente.

El Papa habla con mucha frecuencia del diablo, de sus tretas y sus maniobras ¿Cuál cree que es el mayor logro del diablo en la sociedad actual?

Que nos está aburriendo a todos. Nos está quitando motivación, entusiasmo, alegría, y nos está haciendo sucumbir ante los problemas, que son ciertos, pero cuando el atleta encuentra una barrera es para que salte no para que se pare ante la barrera. El diablo nos tienta con la tentación sutil y grave de decir: “pero que no vas a conseguir nada, dedícate a lo tuyo y no te preocupes de los demás”.La peor tentación es la del aburrimiento.

¿Cómo valora la ley del aborto que ha anunciado el gobierno?

Toda ley que limite el derecho a vivir es una cosa absurda. Pero otra cosa distinta es la despenalización. Si una cosa se despenaliza es porque es delito. Es un delito y es una cosa tremenda.

Otra cosa distinta son los atenuantes, que están en todos los códigos: Esta mujer ha abortado, la han violado, le han vejado, le han hecho trizas. “Usted ha cometido un delito, ahora bien, hay unos atenuantes.”

Hay una hipoteca sobre los bienes, y hay unos derechos sobre las personas, que nos corresponden a todos. “Bueno pues si yo quiero drogarme, me drogo”, no, de ninguna de las maneras, por varias razones: Si tú te pones enfermo es una carga social que me das, y por otra parte tu vida no te pertenece a ti solo, por ejemplo a tu familia. Hay un sentido de individualismo egoísta y absurdo, que desde ningún punto de vista, es admisible.

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¿Pero le parece aceptable una despenalización del aborto?

Una cosa es la despenalización y otra cosa son atenuantes de circunstancias, que es una cosa admitida en todos los sistemas penales.

Usted fue de los prelados que no se sumó a la manifestación en Madrid contra el matrimonio homosexual y apoyó la “regulación civil” para las parejas del mismo sexo.

Yo no sé si hay también acoso personal por no asistir a manifestaciones. Yo fui acosado como no te puedes hacer una idea, por todos los lados por no asistir, y simplemente es que no me gustan las manifestaciones, para mí como Arzobispo, que los demás obispos hagan lo que quieran.

Sólamente asistí a una manifestación y llevando la pancarta, cuando el 11-M, y ese día volví a confirmarme una vez más que no me gustan las manifestaciones, porque la mayor parte estaban preocupados por saber quién había sido el criminal, y las víctimas importaban menos. Y aquel día me reafirmé en que mi sitio no está en las manifestaciones.

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¿Qué legislación sobre convivencias homosexuales cree que podríamos admitir los católicos?

Yo creo que para esto lo mejor es leer la documentación de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre el tratamiento pastoral de las personas homosexuales, escrita cuando era prefecto el Cardenal Ratzinger. Nadie ha escrito con más claridad sobre ese tema.  Una cosa es que uno no admita el matrimonio y otra cosa es que a estas personas hay que respetarles como personas, uno estará de acuerdo o no, pero creo que muchas veces les hemos tratado con cierta frivolidad.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo los sentimientos de las personas. San Agustín dice “yo no tendría este sentimiento si alguien no me lo hubiera dado”. ¿Yo soy culpable de este sentimiento? Pues puede haber algunos que sí  y otros que no. No es tan fácil para una persona preguntarse “¿Por qué a mí me gusta esto y no me gusta lo otro?”. Yo creo que hay que ser muy objetivos, muy comprensivos, pero también con criterios muy claros.

Pero este sentimiento se puede corregir…

Algunas veces se puede corregir, lo cual quiere decir que otras veces no, y por otra parte a lo mejor es más que un sentimiento… Y sobre esto hay muchos estudios, muchas investigaciones… Lo que ocurre es que sobre este tema ha dominado más la frivolidad que el estudio.

Muchas veces han encontrado refugio en el seminario, para mantener su vida de fe y huir del matrimonio.

No conozco casos, y llevo 40 años de arzobispo. No digo que no haya casos así pero que haya esa reflexión de la que hablas no lo he visto.

¿Qué cambiaría de la Iglesia?

La verdad es que yo estoy muy contento con la Iglesia. Cambiaria todo lo que se refiere a la desesperanza. Obligaría a todos los cristianos antes del bautismo a hacer una declaración de objeción de conciencia contra todo lo que sea desesperanza: el derrotismo, la imposibilidad para superar las dificultades… Tú tienes unos hermanos y un Dios que te van a ayudar.

¿Y la curia, cree que representa fielmente a la Iglesia de Cristo?

La curia es una gran organización, y los que están en la curia, la mayor parte, han venido de diócesis. El compañero mío de la facultad de filosofía de Roma es el cardenal Hummes, y hablábamos mucho, y me decía “yo añoro mi vida en la diócesis, pero reconozco que he hecho un trabajo admirable y es necesario hacerlo”.

Yo he estado en la Comisión para América Latina, con el Cardenal Ratzinger, he pertenecido al consejo para la pastoral de la salud, que se ocupa de todos los temas bioéticos, y se hace una labor encomiable.

Su lema episcopal es “Gracia y Paz”. ¿Por qué lo eligió?

Yo fui nombrado arzobispo para una diócesis que tenía 3,5 millones de musulmanes, y tenía que ser obispo de todos. Con algunos tenía que trabajar poco más que por la paz entre todos, y procuré hacer lo posible por que judíos, musulmanes y cristianos conviviésemos como hermanos y amigos. A los católicos tenía que ayudarles todo lo posible a que vivieran fielmente la Gracia del Bautismo. Así que de ahí salió el lema “Gracia y Paz”.

¿Qué libros está leyendo ahora?

Suelo tener siempre 2 o 3 libros. Ahora estoy leyendo un libro de Sanchez-Adalid que trata sobre Medinaceli, porque me gusta el estilo de la novela histórica. Además tengo que preparar un pregón para Madrid sobre Medinaceli y la Semana Santa.

Además estoy leyendo “Riña de Gatos”, de Eduardo Mendoza, que creía que trataba sobre otro tema pero es graciosísimo.

Además estoy leyendo las Obras Completas del Cardenal Ratzinger.

Sobre el cónclave, sé que no puedo preguntarle nada que pertenezca al Secreto. Ha tenido la oportunidad de asistir como cardenal elector a dos conclaves, el de 2005 y el último, de 2013. ¿Cómo hizo para conocer e informarse sobre los demás cardenales electores y así poder discernir cual era el candidato más adecuado?

Nos conocemos muchísimo. Antes, cuando se convocaba un cónclave, tenían que esperar meses para que llegaran los de China o los de América… ahora a las 24 horas estamos ahí. Hay muchas reuniones, viajamos mucho juntos y nos conocemos mucho personalmente, aparte de la comunicación por escrito.

En el cónclave nos dan unos informes de cómo está la Iglesia en todos los sectores, el sector del clero, el sector de la economía, las misiones… Y después nos dan las biografías de todos los cardenales, pero datos totalmente objetivos, “nació en tal sitio, tiene tantos años, fue obispo de aquí  de allá…” no te dice si lo hizo bien, lo hizo mal, es simpático o es un tonto… Aunque tonto ya sabes que no hay ninguno.

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Cuando Guido Marini entonó el “extra omnes” ¿tenía ya decidido a quién votaría?

Ah, pero ¿ha habido cónclave? Ni me he enterado, he estado dormido. (Risas)

Dijo en una entrevista que vivió con preocupación la renuncia del Papa. Ahora con perspectiva. ¿Cómo valora ese último movimiento de Benedicto XVI?

Como el gesto de un santo y de un sabio.

De un santo porque fue un gesto de humildad admirable. No ha habido absolutamente ninguna palabra que haya dicho Benedicto XVI después de renunciar que haya podido molestar a nadie.

De un sabio porque en el escrito pone “porque no puedo llevar adecuadamente la carga”. En el titular luego no figura esto. Lo que hablábamos de los titulares. Él tenía muy presentes los últimos años de Juan Pablo II, y llega un momento en que uno pierde la capacidad de decisión. Yo puedo estar aquí hablando con ustedes pero no puedo subirme a un poste de la luz.

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Lo que sería totalmente indigno es que Benedicto XVI hubiera renunciado por miedo, porque “me estáis matando a disgustos, ahí os quedáis”. Pero él mismo lo descarta. Ha habido problemas de unos y de otros, porque no siempre los problemas más graves son los que se ven… Es verdad que sobre el tema de la pederastia Benedicto XVI dio unas pautas muy precisas. Pero los famosos Vatileaks, por ejemplo, ¿ha salido algún secreto de estado? No, son todo cotilleos de familia… Quizá porque no hay secretos de estado…

Lo grave fue que el secretario hiciera fotocopias de sus documentos y los repartiera por ahí… Lo grave es que no tengas a tu lado personas de total confianza, que te traicionan. Es verdad que el Papa eligió a este, pero las personas podemos cambiar, para bien y para mal.

¿Cómo podría describir lo que se siente cuando uno entra en la Capilla Sixtina, entonando junto al colegio cardenalicio el “Veni Creator”, encomendándose a todos los santos, con todos los ojos fijos en los cardenales? ¿Es fuerte la presión?

Cada persona tiene sus sentimientos, pero si me preguntas a mí, un gran sentimiento de paz. Lo que tengo que hacer es tener los ojos abiertos para ver donde se va posando el Espíritu Santo, así de simple.

¿Podemos decir que al Papa lo elige el Espíritu Santo?

Absolutamente. Lo que ocurre  es que el Espíritu Santo se vale de los medios humanos. El Espíritu Santo nos habla con un lenguaje que entendamos, y ese lenguaje son las disposiciones de las personas ante los conflictos, etc… y tú vas viendo que los elementos humanos te van dirigiendo a una persona. Hay que seguir la huella, como Pulgarcito…

Cuando el Señor anunció a María se valió de un mensajero. Yo tuve un gran problema cuando era obispo con la cuestión de la Seguridad Social de las monjas de clausura, que decían que está contra la pobreza el tener Seguridad Social. Yo les insistía en que pueden ser mayores y necesitar una pensión, o necesitar asistencia médica… Pero no había suerte. Al final les dije que cuando Elías tenía que hacer un viaje le envió un cuervo con un pan en el pico, pues ahora el cuervo se llama seguridad social, que es el instrumento que Dios elige para ayudaros.

Sí, pero hay libertad en los cardenales, y éstos pueden equivocarse. Decía Ratzinger que “hay papas que el Espíritu Santo nunca habría elegido”.

Ha habido épocas en la historia en que los cónclaves eran un auténtico problemón. Ahora en los últimos han sido 3 días y se ha ido a la fumata. San Buenaventura tenía en el cónclave a los cardenales, que no se ponían de acuerdo, porque unos ponían veto y otros decían “o sale éste o no salís de aquí”. Entonces San Buenaventura les fue reduciendo la comida, y no había manera, aunque cada vez pasaran más hambre. Después les quitó el techo de la sala donde se reunían, decía “para que entre mejor el Espíritu Santo”, no, era para que se murieran de frío. Ahora no hay ninguna presión para terminar, ningún estado se atreve a decir lo que tienen que hacer los cardenales… Se pondría el mundo entero en su contra.

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¿Cómo es el ambiente una vez empieza el conclave?

Yo recuerdo el primer cónclave, aquello de 120 votos, otra vez, votación negativa, venga otra vez, “eminentísimo Señor”, 20 veces, etc… Y ya un cardenal de África, de color, que estaba cerquita mío, me dice muy sigilosamente: “¡Qué pesado es esto!”. Lo dijo en francés. Quiero decir que no se habla nada ni se comenta. No hay lobbies. Se reza al principio y no se habla nada.

¿Y en las comidas y las cenas?

Sí, ahí se habla de todo lo que quieras, pero caerías en penas, incluso de excomunión, si incidieras en la libertad de votación de otra persona. Se habla de minucias. “¡Qué buen tiempo hace en Roma!”, “¿otra vez pasta para cenar?”. “¿Cómo va el San Lorenzo?” podías preguntar si tenías a Bergoglio al lado.

¿Estaba nervioso Bergoglio en el cónclave?

No. De hecho 4 días antes habíamos estado comiendo juntos. Coincidimos en Roma, en la Plaza de San Pedro, y había otro cardenal latinoamericano, que está en Roma, y nos invitó a casa a comer. Estuvimos hablando, como era lógico, “lo que tiene que hacer el nuevo Papa es esto, y lo otro…”. Cuando después de elegido Papa abraza a los cardenales, en la prestación de obediencia, se me acerca un poco al oído y me dice: “Carlos, y decíamos lo que tiene que hacer un Papa…”.

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Yo le vi completamente tranquilo, en ningún momento se le vio nervioso, agitado, triste… Cuando Dios pone sobre los hombros esa carga, da todos los dones para que pueda llevarla.

¿Se postulaba?

No hay postulaciones. Eso lo hacéis vosotros, que sacáis las listas.

Cuando uno ve “El New York Times dice que…” y uno ya sabe por dónde van los tiros piensa “uy…”. A mí me preguntaba un periodista “¿y usted tiene posibilidades?” y le dije “pues no, porque he hablado esta mañana con el Espíritu Santo en la oración…”. Podía haber dicho como Policarpo, el patriarca de Lisboa, que respondió “Hombre, más que mi hermana María sí…”

¿Cómo fue la cena de después de ser elegido el Papa Francisco?

Un poco pobretona. El papa fue ahí, bien, todos sentados en mesas redondas… Cuando fue elegido Benedicto XVI la cena fue como la de todos los días pero de postre tuvimos un exquisito helado. Esta vez fue una cena normal. La conversación fue totalmente normal y los cardenales que quedamos en Roma estuvimos toda esa semana desayunando, comiendo y cenando siempre juntos. Hablando de todo, porque tampoco podíamos a la hora de las comidas volverle a la carga al Santo Padre con temas de trabajo. También a veces hablábamos de cosas más personales, el Papa te pregunta por algo… la relación lógica de personas que se conocen…

Benedicto XVI manifestó miedo desde su primera homilía. Decía “Rezad por mí, para que no huya ante los lobos” ¿Y el Papa Francisco, mostró miedo?

Nunca, se lo dice a los otros, de hecho, “no tengáis miedo”. Lo que sí dice mucho es “Rezad por mí”, pero esto, que está muy bien, lo decía ya como Arzobispo de Buenos Aires.

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¿Qué diferencias vio entre este último conclave y el de 2005? ¿Cuál ha sido más especial para usted?

Lo primero que la mayor parte de las personas habían cambiado. Porque unos acceden nuevos y otros ya se han jubilado. De los del anterior cónclave éramos la mitad.

Por otra parte los cónclaves habitualmente ocurren porque muere el Papa, pasan 10 días y empieza el cónclave. Aquí no ha muerto ningún papa, gracias a Dios, era una situación distinta.

¿Con qué cardenales mantiene especial amistad?

Con los que has tenido más relación, los franciscanos, por ejemplo, porque cada dos años teníamos un encuentro en Asís, con todos los obispos franciscanos, unos 120, y con estos les conoces más, convives más. También de algún cardenal africano, porque voy mucho por ahí, y mucho con los de América Latina, porque al pertenecer a la comisión para América Latina, pues tienes más relación con ellos.

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¿Cuál cree que debe ser nuestra actitud ante temas “delicados” sobre los que informar, o ante divisiones o actuaciones censurables de miembros de la jerarquía eclesiástica?

La sinceridad o el silencio. O eres sincero o te callas. Puede haber una exigencia de silencio cuando uno no tiene la suficiente documentación.

Esto me lo enseñó un banquero judío en Tánger, que convivíamos todos. Hablando de cosas de familia me decía “a mi edad solamente cabe la sinceridad o el silencio”. Como diciendo “ya no tengo cosas de negocio ni nada, si este es un sinvergüenza y tengo que decirlo lo digo”. Para un periodista este puede ser un buen criterio.

Yo he visto televisiones abriendo telediarios con denuncias de sacerdotes. ¿Ha abierto algún telediario con la sentencia del juez? Yo he visto casos de sacerdotes a los que se les ha acusado públicamente y luego el juez ha determinado que no hay absolutamente ningún indicio de eso. La fama destrozada. Había sido una acusación de uno por revancha, pero eso ya no se cuenta en portada. A nadie se le puede negar el derecho a la presunción de inocencia y no hay que condenar directamente por la mera denuncia de unos hechos.

También es verdad que ha habido casos de condena firme a prisión, y es muy duro pero si una persona comete un delito lo comete con todas sus consecuencias. Pero es verdad que lo del clérigo con el menor siempre tiene mucho morbo.

Hay tres grados en la difamación. El primer grado es hablar, el segundo largar y el tercer grado ya es rajar, y ahí ya no se deja títere con cabeza.

¿Quién vendrá a Madrid a suceder a Rouco?

A mí me han dicho que no, que ya no puedo venir…

Bueno, tiene más posibilidades que su hermana.

Yo creo que ya tampoco….


Muchísimas gracias por su atención y por dedicar su tiempo a Infovaticana.com


21 de agosto de 2014

15 reglas de oro (de un viejo sacerdote) para un joven sacerdote!

Por Luis Alva

Todos los días en el silencio de mi pobre oración medito, repaso cada una de estas reglas y siento que recobro fuerzas, descubro mi horizonte para no perderme en lo mediato o en lo inmediato de la confusión de esta vida transitada.

No hay duda que una de las mayores riquezas  que nos puede dejar un sacerdote, es su propia experiencia. El padre Jorge nos ha dejado unas "señales de pista"  para no perder el horizonte o cuando lo perdamos volvamos a él. Las cuales te las comparto!


Al cumplir los noventa años deseo informarte, joven sacerdote, de algunas normas que han orientado mi vida:

1- Me ordené a los 33 años, he cumplido los 90 y no me he arrepentido ni un minuto. Elegí bien. Si volviera a nacer elegiría lo mismo.

2- Valora tu vocación. El sacerdote es el mayor bienhechor de la humanidad, pues sólo él puede dar la vida eterna.
 
3- La autoestima es razonable; pero la vanidad, no. Ignorar los dones recibidos de Dios es ingratitud; pero envanecerse de ellos es ridículo, pues Dios pudo habérselos dado a otro y no a ti. Ya dijo San Pablo: ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si los has recibido, ¿de qué te engríes?

4- Procura tener una buena cultura, sobre todo en las materias afines al sacerdocio. Pero no olvides que la virtud es más importante que la cultura. El Cura de Ars, con poca cultura, ha salvado más almas que muchos sacerdotes muy cultos.

5- El tiempo es para evangelizar, estudiar y orar. Nada más. Descansar sólo lo indispensable.

6- Cuida tu salud para estar apto a las exigencias de la evangelización.

7- Cuida tu imagen; no por vanidad mundana, sino para ayudar a que reciban tu mensaje. Si resultas repelente, el rechazo a tu persona arrastrará el rechazo a tu mensaje.

8- Es posible que alguna mujer se enamore de ti. Recházala con caridad, pero con firmeza. No te creas invencible. Todos podemos perder la cabeza. No serías el primero ni el último. Sé humilde y toma precauciones.

9- La codicia es peor que la lujuria. El dinero hace falta para evangelizar. Muchos instrumentos de evangelización cuestan dinero. Pero el apego al dinero puede apartarnos de Dios.

10- Sé fiel al ‘MAGISTERIO OFICIAL DE LA IGLESIA’. Debemos dejarnos conducir por quien Dios ha puesto al timón de la Iglesia, y no por las opiniones de un marinero de cubierta.

11- Debemos procurar ser “otros Cristos” en la tierra: pasar haciendo el bien. Que todo el que se acerque a nosotros se aleje mejorado espiritualmente.
 
12- Y por supuesto, atiende a todos siempre con buena cara. Que nunca nadie pueda considerar que no lo has atendido bien.

13- Cuida mucho los juicios que emites de otros. Alguna persona se apartó de la Iglesia por lo que dijo de ella un sacerdote. Hay que combatir el error, pero sin despreciar a la persona equivocada.

14- Si te equivocas, reconócelo; y pide perdón si alguien se ha sentido herido por tu culpa. La soberbia en un sacerdote es funesta. La humildad resulta atractiva.

15- Que se te vea piadoso. Trata a la Eucaristía con todo respeto y devoción. El P. Ángel Peña, agustino recoleto, tiene un bonito libro titulado ‘SACERDOTE PARA SIEMPRE’, que termina con este consejo: ‘Sacerdote, celebra tu misa, como si fuera tu primera misa, como si fuera tu última misa, como si fuera tu única misa’.

Padre Jorge Loring + Fue a la Casa del Padre el 25. XII. 2013
http://www.infovaticana.com/consejos-a-un-joven-sacerdote/



20 de agosto de 2014

Amistad y soledad!

Por Luis Alva

A primera vista la soledad es considerada como "algo" negativo. Cuando se nos menciona la palabra soledad inmediatamente la relacionamos con alejamiento de personas y cosas, ausencia de compañía, etc. Algunos sectores han llegado a interpretar que  "la soledad es el mal de nuestro tiempo". La teoría más difusa por los medios es la de considerar a la soledad como un problema clínico que necesita de una terapia específica. La soledad también se considera como uno de los posibles factores que causan otros desorden, entre ellos la depresión y el suicidio, etc.

Sin embargo, Giovanni Cucci nos presenta una seria valoración sobre el tema de la soledad en relación con la amistad.

Vivir la amistad exige también la capacidad de sentirse a gusto con uno mismo, con el propio mundo interior, y saber aceptar la soledad. La soledad es la situación característica de todo ser humano. La soledad es un banco de pruebas indispensables que verifica la solidez y la verdad de una amistad: quien no sabe estar bien consigo mismo difícilmente podrá tener relaciones serenas con los demás. Aceptar la propia soledad es signo de madurez, de nos ser esclavo de la dependencia afectiva, sino capaz de intimidad, de fidelidad y, por consiguiente, de amistad, aceptando, cuando fuere necesario, apartarse por el bien del otro.

La experiencia de la soledad acompaña también a los diversos estados de vida, al matrimonio, a la vida consagrada y porque no a la sacerdotal. Porque hay un aspecto interior, un vacío que nadie puede llenar. Hay siempre un fondo que no llega a compartirse, un vacío que no puede llenarse.

Pretender eliminar  a toda costa la soledad significaría sacrificar esta dimensión fundamental del espíritu. Si la soledad es el fondo más íntimo y sagrado de la persona, tiene que salvaguardarse como tal, so pena de ser destruida. El amigo no puede, por consiguiente, ser reducido a una válvula de escape o, por aún, a un contenedor de basura donde se puede echar cualquier cosa simplemente porque así puede uno sentirse mejor. La relación de amistad no es el lugar  en el que se comunica todo, en la pura inmediatez. Una amistad que pretende ser total acaba tiranizando y aniquilando sus componentes.

La soledad puede provoca malestar cuando encuentra a la persona distante de su ser más profundo, cuando vive con su superficialidad o, como diría Heidegger, en el chismorreo vacío, que cuanto más vacío y más superficial, tanto más, curiosamente se difunde, perdiéndose en las cosas que hay que hacer, en las personas que hay que ver, en el cotilleo del momento, esperando que esto pueda llenar el vacío que atormenta.

Este alejamiento de uno mismo está también en el origen de la inseguridad de fondo de quien no sabe bien lo que quiere y tiene la costumbre de pedir instantáneamente al amigo consejos sobre cosas fundamentales de su vida, sin encontrar respuestas, porque no es capaz de escuchar la voz del corazón.

La soledad no aceptada parece estar en el origen de relaciones interpersonales vividas de modo morboso. La soledad, una vez más, se convierte en una dimensión insoportable de la existencia cuando no va acompañada de la presencia de una afectividad y una espiritualidad  maduras; y esto, si es una verdad para todo hombre, lo es de modo particular para la persona consagrada.

Aceptar la propia soledad significa, por consiguiente, haber llegado a ser amigo de uno mismo, y solo de este modo resulta ser amigo del otro. La soledad adquiere así un valor particular en la vida, porque revela, de modo discreto y difícil la naturaleza espiritual del hombre. Llevar en el corazón al otro es lo que nos permite sentirlo cerca, aunque no esté presente.


Cf. Giovanni Cucci, La fuerza que nace de la debilidad. Aspectos psicológicos de la vida espiritual. Santander, Sal Terrae, 2013.



14 de agosto de 2014

Dimensión particular (diocesana) y universal (Ad gente) del sacerdocio ministerial

Por J. Esquerda Bifet

Los estudios postconciliares sobre la naturaleza misionera del sacerdocio ministerial, han profundizado cada vez más las exigencias concretas que de ella derivan. Gracias a estos estudios y a la doctrina magisterial, hoy se acepta sin discusión (en línea de principio) que "los sacerdotes deben tener un corazón y mentalidad misionera" (RMi 67), por el hecho de que "la vocación sacerdotal es también misionera".

1. De "Presbyterorum Ordinis", a "Pastores dabo vobis": Datos básicos de la misionariedad del sacerdocio ministerial
            Este espíritu misionero "sacerdotal" del envío evangélico ha cuajado en los documentos magisteriales sobre la misión, especialmente a partir del concilio Vaticano II, aunque no hay que infravalorar la doctrina de las encíclicas misioneras anteriores al concilio.[2]

            A) El concilio Vaticano II

            Los documentos conciliares del Vaticano II ofrecen los elementos básicos de la misionariedad sacerdotal. Llama la atención la insistencia y claridad de "Presbyterorum Ordinis", a partir del don recibido en la ordenación, como participación en el mismo sacerdocio y misión de Cristo: "El don espiritual  que recibieron los presbíteros en la ordenación no los dispone sólo para una misión limitada y res­tringida, sino para una misión amplísima y universal de salva­ción 'hasta los extremos de la tierra' (Act 1,8), porque cualquier ministerio sacerdotal participa de la misma amplitud universal de la misión confiada por Cristo a los Apóstoles. Porque el sacerdo­cio de Cristo, de cuya plenitud participan verdaderamente los presbíteros, se dirige por necesidad a todos los pueblos y a todos los tiempos, y no se coarta por límites de sangre, de nación o de edad, como ya se significa de manera misteriosa en la figura de Melquisedec. Recuerden, pues, los presbíteros que deben llevar en el corazón la solicitud de todas las iglesias" (PO 10).[3]

            En el mismo decreto conciliar, al hablar del ministerio sacerdotal de la palabra, no deja de indicar la universalidad, citando precisamente el texto del mandato misionero según Marcos: "Como nadie puede salvarse si antes no cree, los presbíteros, como cooperadores de los Obispos, tienen como obliga­ción principal al anunciar a todos el Evangelio de Cristo, para constituir e incrementar el Pueblo de Dios, cumpliendo el mandato del Señor: 'Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura' (Mc 16,15)" (PO 4).

            La construcción de la propia comunidad, como tarea del presbítero, apunta a "formar una genuina comunidad cristiana". Pues bien, "para cultivar debidamente el espíritu de comunidad, ese espíritu ha de abarcar no sólo la Iglesia local, sino también la Iglesia universal" (PO 6). Las "empresas apostólicas" que ha de emprender el presbítero, principalmente por colaborar en la responsabilidad universal del obispo, "es menester que traspasen los límites de una parroquia o diócesis" (PO 7). Por esto deben tener "por encomendados a todos aquellos que no reconocen a Cristo como Salvador suyo" (PO 9) y manifestar en todo momento "un espíritu verdaderamente misionero" (PO 22), para manifestar "la solicitud de toda la Iglesia" (PO 11). Ya hemos citado ampliamente en la introducción uno de los textos (LG 28) que han llamado más la atención sobre la disponibilidad misionera de los presbíteros, llamados a "cooperar en el trabajo pastoral de toda la diócesis e incluso de toda la Iglesia" (LG 28).
            Esta disponibilidad misionera, según el concilio, además de ser una exigencia del mismo sacerdocio (PO 10), lo es también por ser los presbíteros "cooperadores del Orden episcopal" (LG 28; PO 2). La tarea misionera local y universal, que incumbe claramente al obispo, es, también propia de los presbíteros como sus "necesarios colaboradores" (PO 7). Cuando el concilio insiste en esta responsabilidad misionera del obispo, hace alusión continua a la cooperación que deben prestar los presbíteros (LG 23, 28; CD 5-6, 22-23). No se trata, pues, de un simple permiso que se otorga a un presbítero que pide ir a misiones, sino de cumplir con una obligación que atañe principalmente al obispo, como "responsable de la Iglesia" (CD 6), participando "de la solicitud por la Iglesia universal" (CD 5). Por esto la labor apostólica en una Iglesia particular, especialmente en el momento de distribuir los presbíteros, deberá "tener presentes las necesidades de la Iglesia universal" (CD 23).
            La "implantación de la Iglesia", que es tarea de todos, es principalmente responsabilidad del obispo con su Presbiterio. "Los obispos, juntamente con su Presbiterio, imbuidos más y más del sentido de Cristo y de la Iglesia, sientan y vivan con la Iglesia universal" (AG 19). Esta responsabilidad llegará hasta "enviar a algunos de sus mejores sacerdotes que se ofrezcan para la obra misionera... donde desarrollen, al menos temporalmente, el ministerio misional con espíritu de servicio" (AG 38).
            Puede considerarse un resumen sobre este tema, la conclusión a que llega el decreto "Ad Gentes": "Los presbíteros representan la persona de Cristo y son cooperadores del orden episcopal, en su triple función sagrada que se ordena a las misiones por su propia naturaleza. Estén profunda­mente convencidos que su vida fue consagrada también al servicio de las misiones... Por consiguiente, organizarán el cuidado pastoral de forma que sea útil a la dilatación de Evangelio entre los no cristianos" (AG 39). Cada uno de los ministerios tiene esta derivación misionera universal.
            Para llegar a hacer efectivas estas directrices, se requiere una formación adecuada, que debe comenzar, al menos, desde el Seminario. Por esto, el concilio, al describir la formación pastoral de los candidatos al sacerdocio, dice: "Llénense de un espíritu tan católico que se acostum­bren a traspasar los límites de la propia diócesis o nación o rito y ayudar a las necesidades de toda la Iglesia, preparados para predicar el Evangelio en todas partes" (OT 20).[4]

            B)      "Evangelii nuntiandi", "Postquam Apostoli", "Redemptoris Missio"
            La exhortación apostólica postsinodal "Evangelii nuntiandi" (EN) (1975) no ofrece novedad especial respecto a nuestro tema. Pero, al referirse a los sacerdotes, pone de relieve su unión con el obispo en cada uno de los ministerios: "A los Obispos están asociados en el ministerio de la evange­lización, como responsables a título especial, los que por la ordenación sacerdotal obran en nombre de Cristo, en cuanto educa­dores del Pueblo de Dios en la fe, predicadores, siendo además ministros de la Eucaristía y de los otros sacramentos. Todos nosotros, los Pastores, estamos, pues, invitados a tomar conciencia de este deber, más que cualquier otro miembro de la Iglesia" (EN 68). Se alude también a la unión entre todos los pastores respecto a la acción evangelizadora, tomando como punto de partida la ordenación: "Y cuando, en la medida de nuestros límites humanos y secun­dando la gracia de Dios, cumplimos todo esto, realizamos una labor de evangelización : Nos, como Pastor de la Iglesia universal ; nuestros Hermanos los Obispos, a la cabeza de las Iglesias locales ; los Sacerdotes y Diáconos, unidos a sus Obispos, de los que son colaboradores, por una comunión que tiene su fuente en el sacra­mento del Orden y en la caridad de la Iglesia" (ibídem).[5]
            Las directrices de "Postquam Apostoli" (1980) repiten los contenidos del Vaticano II, para pasar a un terreno práctico de distribución del clero, teniendo en cuanto la realidad de Iglesias hermanas más necesitadas. El documento precisa el objetivo de las ayudas (para que cada Iglesia particular pueda valerse por sí misma), indica el sentido pastoral de la distribución (puesto que no se trata de mera distribución numérica), recuerda que debe ser fruto de la vitalidad espiritual y pastoral de la Iglesia particular y del Presbiterio y presenta unas líneas para planificar la ayuda a partir de una pastoral de conjunto bien organizada.[6]
            La encíclica "Redemptoris Missio" (RMi) (1990) ha querido ser un relanzamiento de la misión universal, que parecía "debilitarse" (RMi 2), llamando a toda la Iglesia a una nueva evangelización que desemboque en la evangelización "ad gentes": "¡La fe se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal" (RMi 2); "Dios abre a la Iglesia horizontes de una humanidad más preparada para la siembra evangélica. Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos" (RMi 3).
            La encíclica RMi presenta la naturaleza misionera de la Iglesia en una línea de urgencia práctica, a modo de llamada a tomar conciencia de la propia vocación. No sólo hay que aquilatar los criterios teológicos (cap. I-III), discernir la situación actual (cap. IV) y encontrar nuevos caminos para una acción pastoral misionera (cap. V), sino que cada creyente, según su propia vocación, debe asumir la responsabilidad misionera que le corresponde (cap. VI), cooperando con los medios espirituales, vocaciones y materiales (cap. VII) y viviendo una espiritualidad cristiana que sea verdaderamente misionera (cap. VIII).
            A mi entender, una de las principales novedades de la encíclica RMi consiste en haber recuperado la prioridad de la responsabilidad misionera para las Iglesias particulares, con su Obispo y su Presbiterio (RMi 61-64, 67-68), siempre en colaboración y bajo la dirección del sucesor de Pedro. El punto de partida de la misión es Cristo mismo. Es la misión recibida del Padre, bajo la acción del Espíritu Santo, que Cristo comunica a su Iglesia. Ahora bien, en esa misión, los doce Apóstoles y sus sucesores son los primeros responsables: "Los Doce son los primeros agentes de la misión universal" (RMi 66).
            Aquella realidad apostólica continúa en los sucesores de los Apóstoles y en cada Iglesia particular: "Lo que se hizo al principio del cristianismo para la misión universal, también sigue siendo válido y urgente hoy. La Iglesia es misionera por su propia naturaleza, ya que el mandato de Cristo no es algo contingente y externo, sino que alcanza al corazón mismo de la Iglesia. Por esto, toda la Iglesia y cada Iglesia es enviada a las gentes" (RMi 62). Por eso, "en ese vínculo esencial de comunión entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares se desarrolla la auténtica y plena condición misionera" (ibídem).
            Cada obispo, como cabeza de su Iglesia particular y como miembro del Colegio Episcopal, es responsable de la misión universal: "Así como el Señor resucitado confirió al Colegio apostólico encabezado por Pedro el mandato de la misión universal, así esta responsabilidad incumbe al Colegio episcopal encabezado por el Sucesor de Pedro... Mis hermanos son directamente responsables conmigo de la evangelización del mundo, ya sea como miembros del Colegio Episcopal, ya sea como pastores de las Iglesias particulares" (RMi 63; citando LG 23 y AG 38). Esta responsabilidad misionera universal será no sólo el termómetro, sino también el estímulo para la misión particular o local.
            La consecuencia que deriva de estos principios es muy concreta: "Toda Iglesia particular debe abrirse generosamente a las necesidades de los demás" (RMi 64). La encíclica alude al ejemplo de América Latina, y cita el texto de la IIIª Conferencia Episcopal Latinoamericana reunida en Puebla (1979).[7]
            Los presbíteros son tales en cuanto colaboradores de los Obispos, asumiendo su responsabilidad misionera local y universal. La encíclica cita "Postquam Apostoli", que ya hemos resumido más arriba. Después de alentar a los misioneros en general y a los Institutos Misioneros (nn.65-66), la encíclica centra la atención en los sacerdotes, especialmente diocesanos: "Colaboradores del obispo, los presbíteros, en virtud del sacramento del Orden, están llamados a compartir la solicitud por la misión (cita PO 10)... Todos lo sacerdotes deben tener corazón y mentalidad misioneros, estar abiertos a las necesidades de la Iglesia y del mundo... no dejarán además de estar concretamente disponibles al Espíritu Santo y al Obispo para ser enviados a predicar el Evangelio más allá de los confines del propio país" (RMi 67).
            La referencia a "Fidei donum" (en RMi 68) indica una modalidad de ayuda que no puede reducirse a una prestación temporal, sino que debe encontrar un compromiso más estable por parte de la Iglesia particular y del Obispo con su Presbiterio. El Papa, en RMi, reafirmando las directrices de "Fidei donum", invita a encontrar nuevas modalidades: "Mi deseo es que el espíritu de servicio aumente en el Presbiterio de las Iglesias antiguas y que sea promovido en el Presbiterio de las Iglesias más jóvenes" (RMi 68).[8]
            Habiendo subrayado RMi la prioridad misionera de la Iglesia particular y del Obispo, sin olvidar a los presbíteros y al Presbiterio como "colaboradores de Obispo", cabe preguntarse por qué la encíclica no ha dado más amplitud a la misionariedad de los sacerdotes diocesanos (como hará posteriormente "Pastores dabo vobis"). De hecho, después de ahondar en la misionariedad de las Iglesia particulares (RMi 64), el Papa pasa directamente a los misioneros y a los Institutos Misioneros (RMi 65-66) y sólo después habla de los sacerdotes diocesanos (RMi 67-68). Hay que tener en cuenta que una de las razones para la publicación de la RMi ha sido el riesgo de soslayar la vocación misionera específica (afirmada ya en AG 23). En diversos puntos de la encíclica, el Papa hace una llamada a reconocer la especificidad de esta vocación misionera: "Se trata, pues, de una 'vocación especial', que tiene como modelo la de los Apóstoles: se manifiesta en el compromiso total al servicio de la evangelización; se trata de una entrega que abarca a toda la persona y a toda la vida del misionero, exigiendo de él una donación sin límites de fuerzas y de tiempo" (RMi 65).[9]
            Esta vocación misionera específica ("de por vida") la pueden tener laicos, religiosos y sacerdotes, pertenecientes o no a un Instituto Misionero. Por tanto, también los sacerdotes "diocesanos" (o "seculares") incardinados en una diócesis o en una institución eclesial. Pero, aunque todo el Presbiterio está llamado a cooperar en la responsabilidad misionera del Obispo y a hacer posible un cauce misionero estable para la Iglesia particular, puede ser que no todos los sacerdotes estén dispuestos a una acción misionera "ad gentes" directa y por "toda la vida" (RMi 65), como "donación total y perpetua a la obra de las misiones" (RMi 79). Por esto hay que suscitar esta disponibilidad, y seguir siempre ayudando a los Institutos Misioneros que prestan para ello un cauce especial y estable. Queda en pie la cuestión de una "diócesis misionera", a la que se confiara un terreno de misión, en el sentido de equivalencia a una institución misionera estricta.[10]

            C)      La nueva instancia misionera sacerdotal según "Pastores dabo vobis"
            La exhortación apostólica postsinodal "Pastores dabo vobis" no es un documento exclusivamente misionero, como lo es "Ad Gentes" y "Redemptoris Missio". Pero, por ser documento sacerdotal, presenta el sacerdocio ministerial con todas sus exigencias de seguimiento evangélico y de misión, apuntando a la necesidad de una formación inicial y permanente que asuma orgánicamente estas exigencias.
            Que el sacerdote, precisamente por serlo, esté llamado a la misión universal, se da por descontado, citando y glosando los documentos conciliares y postconciliares que nosotros ya hemos estudiado más arriba sintéticamente. Se trata claramente y sin lugar a reticencias, de una "solicitud por la Iglesia universal y por cada una de las Iglesias particulares" (PDV 17). "El ministerio del presbítero está totalmente al servicio de la Iglesia... está ordenado no sólo para la Iglesia particular, sino también para la Iglesia universal" (PDV 16). Queda, pues, bien claro "el carácter misionero de todo sacerdote" (PDV 16).[11]
            La referencia explícita a la misión local y universal aparece constantemente al hablar de la naturaleza de la misión y de la espiritualidad sacerdotal. Lo mismo se puede apreciar cuando trata de la formación inicial y permanente, de modo especial en su nivel pastoral: "La conciencia de la Iglesia como comunión 'misionera' ayudará al candidato al sacerdocio a amar y vivir la dimensión misionera esencial de la Iglesia y de las diversas actividades pastorales; a estar abierto y disponible para todas las posibilidades ofrecidas hoy para el anuncio del Evangelio, sin olvidar la valiosa ayuda que pueden y deben dar al respecto los medios de comunicación social; y a prepararse para un ministerio que podrá exigirle la disponibilidad concreta al Espíritu Santo y al Obispo para ser enviado a predicar el Evangelio fuera de su país" (PDV 59) (cita RMi 67-68). Por esto, "la formación permanente ayuda al 'sacerdote' a custodiar con amor vigilante el 'misterio' del que es portador para el bien de la Iglesia y de la humanidad" (PDV 72).
            La nueva instancia misionera de "Pastores dabo vobis" podría considerarse ya suficiente por el hecho de repetir sintéticamente, con claridad y armonía, la doctrina misionera conciliar y postconciliar. En efecto, la exigencia misionera aparece espontáneamente en el desarrollo de la doctrina sacerdotal, a nivel formativo y a nivel ministerial, como fruto maduro del ser, del obrar y de la vivencia. Pero hay algo más, como vamos a ver.
            Llama la atención en PDV el modo de describir la dimensión misionera del sacerdote a partir de la "sucesión apostólica" (como misión y como seguimiento evangélico) y de la pertenencia a la Iglesia particular (especialmente por la incardinación). Respecto al mismo sacerdocio como participación en el sacerdocio de Cristo, así como respecto a la colaboración con el obispo y al servicio de la Iglesia particular, se repiten los contenidos de los documentos anteriores, que PDV cita y glosa con cierta amplitud. Veamos los dos aspectos que pueden ser más novedosos.
            La sucesión apostólica o del ministerio apostólico une estrechamente Obispos y presbíteros (que forman parte del mismo Presbiterio, presidido por el Obispo). En el Mensaje de los Padres sinodales, citado por la exhortación, los Obispos dicen: "Vosotros sois nuestros primeros cooperadores en el servicio apostólico" (PDV 4). En realidad, "el sacerdocio de segundo orden se incorpora a la estructura apostólica de la Iglesia. Así el presbítero, como los Apóstoles, hace de embajador de Cristo (cf. 2Cor 5,20)... Por tanto, el ministerio ordenado surge con la Iglesia y tiene en los Obispos, y en relación y comunión con ellos también en los presbíteros, una referencia particular al ministerio originario de los apóstoles, al cual 'sucede' realmente, aunque respecto al mismo tenga unas modalidades diversas" (n.16).[12]
            Uno de los párrafos más explícitos sobre la sucesión apostólica es el n. 42 del capítulo V: "Instituyó doce para que estuvieran con él"... "vivir como los Apóstoles, en el seguimiento evangélico". Antes de pasar a los cuatro niveles de formación (humana, espiritual, intelectual y pastoral), el documento quiere dejar claro que se trata de una formación para la Vida Apostólica de los Doce: "dejarse configurar con Cristo Buen Pastor" y, por tanto, aprender en la "escuela del Evangelio", a "vivir en el seguimiento de Cristo como los Apóstoles" (PDV 42). El tema se repite al hablar del Seminario como "continuación en la Iglesia, de la íntima comunidad apostólica formada en torno a Jesús... comunidad promovida por el Obispo para ofrecer, a quien es llamado por el Señor para el servicio apostólico, la posibilidad de revivir la experiencia formativa que el Señor dedicó a los Doce". De este modo el Seminario será "fiel a los valores evangélicos en los que se inspira y capaz de responder a las situaciones y necesidades de los tiempos" (n.60).[13]
            Esta disponibilidad universal deriva también del hecho de pertenecer a la Iglesia particular y al Presbiterio y colaborar en la responsabilidad misionera del Obispo, siempre en la línea de universalismo: "La pertenencia y dedicación a una Iglesia particular no circunscriben la actividad y la vida del presbítero, pues, dada la naturaleza de la Iglesia particular y del ministerio sacerdotal, aquellas no pueden reducirse a estrechos límites... (cita PO 10)... sino a la misión universal" (PDV 32). La Iglesia particular es el eco y concretización de la Iglesia universal, como corresponsable de la misma misión universalista[14]. El Obispo con su Presbiterio es responsable de hacer efectiva esta misión, en la que deben participar todos los componentes de la comunidad eclesial y, de modo particular, los presbíteros como colaboradores necesarios de los Obispos en el "servicio apostólico".[15]
            La responsabilidad misionera se presenta también en el contexto de la trilogía Iglesia misterio, comunión y misión, relacionando los tres elementos: la Iglesia es misionera siendo portadora de Cristo (misterio) como fraternidad imagen de la Trinidad (comunión), que debe construir la comunión universal de hermanos en Cristo. El sacerdote ministro sirve a esta Iglesia que es, pues, misionera por su misma naturaleza.[16]

          





    [1] Juan Pablo II, Carta del Jueves Santo de 1979, n.8.  A. BANDERA, Presbiterado, colegialidad e Iglesia universal, "Ciencia tomista" 11 (1984) 463-486; G. CAPELLAN, Dimensión misionera, en: Espiritualidad sacerdotal, Congreso, Madrid, EDICE 1989, 419-428;
J. DELICADO, Dimensión misionera del sacerdocio, Burgos 1976 (38 Semana Misional) 109-126; J. ESQUERDA BIFET, Sacerdotes al servicio de la Iglesia particular y universal, en: Signos del Buen Pastor, Espiritualidad y misión sacerdotal, Bogotá, CELAM 1991; R. MACIAS, Vocación sacerdotal, vocación misionera, "Ominis Terra 13 (1981) 471-478; J. SARAIVA, Il dovere missionario dei Pastori, in: Chiesa e Missione, Roma, Pont. Univ. Urbaniana 1990, 141-157; A. SARMIENTO, El Corazón de Cristo y el carácter misionero del sacerdocio ministerial, "Teología del Sacerdocio" 18 (1984) 203-246; I. TRUJILLO, En torno a la identidad misionera del clero diocesano, "Misiones Extranjeras" 88-89 (1985) 311-322; R., ZECCHIN, I sacerdoti fidei donum, una maturazione storica ed ecclesiale della misionarietà della chiesa, Roma, Pont. Opere Missionarie 1990; T. UBEDA, Cómo ser sacerdote hoy? Dimensión misionera de la espiritualidad sacerdotal, "Misiones Extranjeras" 87 (1984) 359-363. Ver más bibliografía en: Teología de la espiritualidad sacerdotal, Madrid, BAC 1991, cap. VII (Ministros del Evangelio).
    [2] Ver estos documentos misioneros en: El Magisterio pontificio contemporáneo, Madrid, BAC 1992, II, 5-226 (Evangelización). Hay que notar especialmente la influencia de la encíclica de Pío XII, "Fidei donum" (1957) sobre la solicitud misionera "in solidum" de parte de los obispos: LG 23; CD 4, 36-37; AG 5-6, 38; Catecismo de la Iglesia Católica n.1560.
    [3] El texto conciliar cita el mandato misionero según Act 1,8, y alude al envío misionero durante la vida pública según Lc 10,1, acentuando la comunión "de dos en dos". El Catecismo de la Iglesia Católica cita este mismo texto conciliar juntamente con OT 20: CEC 1565.
    [4] AA.VV., Séminaires et esprit missionnaire, "Bulletin de Saint Sulpice" 17 (1991); AA.VV., De aspectu missionali in sacerdotali formatione, "Seminarium" (1973), n.4; R. DEVILLE, La formation des seminaristes à l'esprit missionnaire, "Seminarium" 30 (1990) 177-187; J.M. GOIBURU, La formación misionera en los seminarios y la Unión Misional, "Seminarium" (1973) 1104-1129; F. PAVANELLO, L'orientamento missionario nella formazione sacerdotale, "Seminarium" (1970) 781-797; J. SARAIVA MARTINS, La formazione missionaria dei sacerdoti alla luce del Sinodo 1990 e della "Patores dabo vobis", en: Missione per il terzo millennio, Roma, PUM 1992, 263-282.
    [5] Curiosamente en las notas no se citan LG 28 ni PO 10, aunque sí otros números de LG, PO y AG. Ver: Esortazione Apostolica "Evangelii Nuntiandi", Commento sotto l'aspetto teologico, ascetico e pastorale, S. Congregazione per l'Evangelizzazione dei Popoli ; L'Annuncio del Vangelo oggi, Roma, Pont. Univ. Urbaniana 1977.
    [6] Notae directivae de mutua Ecclesiarum particularium cooperatione promovenda ac praesertim de aptiore cleri distributione, "Postquam Apostoli"(25.3.80): AAS 72 (1980) 343-364 (EV 7, 232-281). Estudios sobre el documento y sobre el tema: AA.VV, Chiesa locale e cooperazione tra le Chiese, Bologna, EMI 1973; AA.VV., Il mondo è la mia parrocchia, The world is my parish, Roma 1971; M. ANDRES, La distribución de los presbíteros y las vocaciones sacerdotales, "Teología delsacerdocio" 7 (1975) 297-337; J. ESQUERDA BIFET, La distribución del clero, Burgos 1972; Idem, Cooperación entre Iglesias particulares y distribución de efectivos apostólicos (comentario a "Postquam Apostoli"), "Euntes Docete" 34 (1981) 427-454; V. MALLON, Distribución del clero en elmundo. Comentario acerca de "Postquam Apostoli", "Omnis terra" n.111 (1982) 29-36; n.112 (1982) 59-66; A. DE SILVA, Intercomunhâo das Igrejas locais e distribuçâo dos agentes de evangelizaçâo, "Igreja e Missâo" 34 (1982) 263-295; R. ZECCHIN, I sacerdoti fidei donum, una maturazione storica ed ecclesiale della misionarietà della chiesa, Roma, Pont. Opere Missionarie 1990. Ver también CIC, can. 832-835; Catecismo de la Iglesia Católica, 1560, 1575.
    [7] La encíclica cita "Puebla": "Finalmente, ha llegado para América Latina la hora... de proyectarse más allá de sus propias fronteras, ad gentes. Es verdad que nosotros mismos necesitamos misioneros. Pero Debemos dar desde nuestra pobreza" (Puebla 368). El documento de "Santo Domingo" (IVª Conferencia) acentúa todavía más este compromiso misionero de las Iglesias particulares (nn.124-125). Las conclusiones de la Asamblea de Santo Domingo han reafirmado esta perspectiva "ad gentes"; el documento insiste en esta responsabilidad por parte de cada Iglesia particular: cap. I (la nueva evangelización), n. 125. Ver: J. ESQUERDA BIFET, El despertar misionero "Ad Gentes" en América Latina, "Euntes Docete" 45 (1992) 159-190.
    [8] Ver algunos comentarios (en colaboración) a la encíclica RMi:  Haced discípulos a todas las gentes, Comentario y texto de la encíclica "Redemptoris Missio", Valencia, EDICEP 1991, 249-270; Cristo, Chiesa, Missione, commento all'enciclica "Redemptoris Missio", Roma, Pont. Univ. Urbaniana 1992; Redemptoris Missio, Riflessioni, Roma, Pontificia Università Urbaniana 1991; La missione del Redentore, Leumann, Torino, LDC 1992.
    [9] Ver también RMi 66. A mi entender hay que distinguir entre la vocación misionera de "universalidad" y la vocación misionera especializada para el "primer anuncio" o la "implatación de la Iglesia". Ver un comentario reciente al decreto conciliar: AA.VV., Chiesa e missione, Roma, Pont. Univ. Urbaniana 1990. Sobre la vocación: AA.VV., Vocación común y vocaciones específicas, Madrid, Soc. Educ. Atenas 1984 (vocación misionera: pp. 63-85.
    [10] Además de la bibliografía citada en la nota 2, ver:  M. DA MEMBRO, Inserimento dell'attività missionaria della Chiesa universale nelle Chiese particolari, "Euntes Docete" 24 (1971) 291-328; J. ESQUERDA BIFET, Dimensión misionera de la Iglesia local, Madrid, Com. Episcopal Misiones 1975; J. GUERRA, Las Iglesias locales como signo de la Iglesia universal en su proyección misionera, "Misiones Extranjeras" 54 (1967) 181-194; H.M.  LEGRAND, Nature de l'Eglise particulière et rôle de l'Evêque dans l'Eglise, en: La Charge pastorale des Evêques, Paris 1969; J.  LOSADA, A responsabilidade missionaria das Igrejas locais, "Igreja e Missâo" 34 (1982) 241-262; X. SEUMOIS, Les Eglises particulières, en: L'activité missionnaire de l'Eglise, Paris 1967, 281-299; P. TENA, Eglise, in: Dict. Sipiritualité, fasc. 25, col. 370-384; S.J. UKPONG, The local Church and missionary consciousness, en: Portare Cristo all'uomo, II, Roma, Pont. Univ. Urbaniana 1985, 559-578; J. VODOPIVEC, La Chiesa locale e la missione, in: Chiesa e missione, Roma, Pont. Univ. Urbaniana 1990, 97-139.
    [11] Se remite a "Instrumentum laboris" n. 16 y a la "Propositio" n. 7 del Sínodo de los Obispos de 1990. Documentos de este Sínodo, con índices de materias: G. CAPRILE, Il Sinodo dei Vescovi 1990, Ediz. La Civeltà Cattolica 1991. Ver otros números de "Pastores dabo vobis" sobre la misionariedad del sacerdote: nn. 2, 4, 14, 16-18, 23, 31-32, 59, 72, 74-75, 82. Comentarios al documento postsinodal: Pastores dabo vobis, Esort. Apost. Post-Sinodale di Giovanni Paolo II (25 marzo 1992). Testo originale...  (presentazione, introduzioni, commentoe sussidi (J. Saraiva, L. Pacomio), Casale Montferrato, PIEMME 1992; Os daré pastores según mi corazón, Valencia, EDICEP 1992; Vi darò pastori secondo il mio cuore, Esortazione Apostolica "Pastores dabo vobis"..., Testo e commenti, Lib. Edit. Vaticana 1992; M. CARPIOLI, Esortazione Apostolica Postsinodale "Pastores dabo vobis", "Teresianum" 43 (1992) 323-357.
    [12] El documento postsinodal da mucha importancia a la relación del sacerdocio ministerial (de los presbíteros) con la sucesión apostólica: nn. 4-5, 15-16, 22, 24, 42, 46, 60. El Catecismo de la Iglesia Católica (n.1554), al indicar la unidad entre los obispos y los presbíteros, cita a San Ignacio de Antioquía: "Que todos reverencien a los diáconos como a Jesucristo, como también al obispo, que es imagen del Padre, y a los presbíteros, como al senado de Dios y como a la asamblea de los apóstoles; sin ellos no se puede hablar de Iglesia" (Ad Trall. 3,1).
    [13] La dimensión misionera del presbítero está en relación con la responsabilidad misionera de los Obispos (AG 38). "Los Doce son los primeros agentes de la misión universal, constituyen un 'sujeto colegial' de la misión" (RMi 61). "Así como el Señor resucitado confirió al Colegio apostólico encabezado por Pedro el mandato de la misión universal, así esta responsabilidad incumbe al Colegio episcopal encabezado por el Sucesor de Pedro" (RMi 63).


    [14] PDV 31-32, 65, 74. La encíclica misionera de Juan Pablo II, afirma: "Toda Iglesia particular debe abrirse generosamente a las necesidades de las demás... La misión de la Iglesia es más vasta que la 'comunión entre las Iglesias'; ésta, además de la ayuda para la nueva evangelización, debe tener sobre todo una orientación con miras a la específica índole misionera" (RMi 64)

    [15] PDV 4, 16-18, 31-32.

    [16] PDV nn.12, 16, 59, 73.