La crisis como posible buena noticia

La dirección espiritual en el Seminarista

Naturaleza, crisis y fines de la dirección espiritual

El problema de la transferencia

En el ámbito del acompañamiento espiritual

La formación de los formadores, grande reto de la formación

Entrevista completa de Mons. Carlos Patron Wong, Secretario para los seminarios

El Cibersexo

Una tentadora y encantadora triste realidad!!!

27 de mayo de 2015

Robinson, el seminarista que ha llevado al seminario a la Red y a la Radio

Robinson es un seminarista de la diócesis de Chicago y se encuentra cursando los estudios eclesiásticos en la University of Saint Mary of the Lake.

Robin es el autor y gestor de la Page Facebook Red Mundial de Seminaristas. Un proyecto para conectar a seminaristas de diversas partes del mundo y compartir experiencias de formación!

El 06 de diciembre del año pasado realizó el Primer Encuentro de Seminaristas Online. En dicho Encuentro participaron seminaristas de diversas diócesis del mundo. Compartieron importantes temas que se refieren a la formación sacerdotal.

Robinson Ortiz desde aquel Encuentro no ha quedado satisfecho, impulsado por su “talante vocacional” ha llevado Red Mundial de Seminaristas a la radio. Robin junto a un grupo de Seminaristas quieren llegar a otros seminaristas, a las familias y a diversas instituciones eclesiales para compartir sus experiencias de formación, para concientizar que la formación sacerdotal es primaria y necesaria en la Iglesia.


Vocation-Net ha conversado con Robinson para preguntarle sobre el fin de Red Mundial de Seminaristas en Radio María de Chicago: 

La idea del programa de radio es dar a conocer y conectar distintas realidades eclesiales, diocesanas y religiosas, que los seminaristas experimentamos, y que pueden servir en el trabajo pastoral en otros lugares del mundo; es una manera también de que los seminaristas hagan presencia en los medios de comunicación y lleguen a más personas.



Puedes escuchar a los seminaristas todos los miercoles a las 7:00pm (hora de México y Colombia) en www.radiomariachicago.com


18 de mayo de 2015

Algún día tendría que suceder! Dejar el Seminario!


“Los amo a todos en Cristo Jesús” (1 Cor 16, 24)

En varias ocasiones he escuchado a sacerdotes decir:  ‘el seminario ha sido lo mejor que me ha pasado’; como también: ‘los seminaristas son mi familia más cercana’. 

Puedo decir deliberadamente, que existe por parte de los sacerdotes un aprecio por el seminario, y un cariño por los seminaristas!

Lo sacerdotes saben y han experimentado en carne propia las exigencias y esfuerzos propios de la formación en un seminario, pero también sben cómo la gracia del Altísimo es derramada sobre lo seminaristas por medio del Paráclito para perseverar.

Dentro de unas semanas termino los estudios eclesiásticos de Teología, esto trae como consecuencia dejar el seminario. Alguno dirá: “dejo de ser seminarista” como habrá quien diga: “Bendito sea Dios por todo lo que viví”.

Para mi será el fin de una etapa y el inicio de una nueva experiencia.

Es una experiencia maravillosa el haber compartirdo estos 8 años de formación dentro del seminario (Jesús, Buen Pastor”) de Ciudad Bolívar-Venezuela.

Reuerdo haber iniciado esta caminado con un grupo de 63 compañeros en el año 2007 (Año más numeroso de seminaristas), y después de un largo caminar de ocho años hemos llegado a la meta 35, pues, la geografía humana cambia cada año (así lo dice mi rector). 

Quiero dar gracias a todas las personas que a lo largo de este tiempo de seminario me han brindado su apoyo (por la cantidad es difícil nombrarlas), pero quiero agradecer de manera especial a las personas que han rezado por mi vocación, a ellas le prometo "hacer" viva sus oraciones.


No podré olvidar todo lo que recibí en la formación, ahora ha llegado el momento de poner en práctica todos esos beneficios en favor de la humanidad.


Hoy, como muchos, quisiera decir: “deseo terminar en paz mi proceso”, dejar atrás lo negativo y las cosas que algún momento me desmotivaron para salir limpio y con la frente en alto, orgulloso de lo que aprendí y orgulloso de quien represento. En adelante me corresponderá como a muchos escribir con el testimonio y en otro grado de formación lo que quiero ser y pulir a lo que he sido llamado.

Para finalizar este breve quiero dejarte algunos consejos que a lo largo de estos años los he ido experimentando, algunos practicándolos y otros evitándolos.

Ser transparente con uno mismo, con el director espiritual-confesor, con los formadores y obispo.

Estar siempre disponible a cualquier necesidad, ya sea de la casa (seminario) o de algún compañero seminarista.

La apertura al diálogo es una herramienta fundamental en la formación, ya sea con los propios compañeros o con las personas que nos acompañan en el proceso vocacional.

Finalmente, esto no es un consejo, esto es ley de vida de un hombre de Dios, la oración constante.No olvides que el seminario es una escuela de oración, es un estar con Dios. Más allá de llenar la cabeza de lo que se dice de Dios, es un conocer a Dios tal cual es. No olvides de aquellas visitas silenciosas y espontáneas al Santísimo! Tú la lo sabes!


Hermanos semnaristas procuren llegar a la meta final, con amor, fe y alegres en Dios.  


Atte. Yohan Solorzano (4º de Teología)

Seminario Mayor “Jesús Buen Pastor”, Ciudad Bolívar-Venezuela. 


22 de abril de 2015

EL ÉXODO, EXPERIENCIA FUNDAMENTAL DE LA VOCACIÓN – Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

Queridos hermanos y amigos: En este cuarto Domingo de Pascua la liturgia nos presenta a Jesucristo Resucitado como el buen Pastor. Resuena la voz de Jesús que nos dice en el Evangelio: Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da la vida por las ovejas (Juan 10, 11). Cristo resucitado nos acompaña en el camino de nuestra vida, Él nos conoce y sigue dando su vida por nosotros.

Jesús ha querido también llamar a personas concretas para que con una consagración total hicieran presente con su testimonio y sus palabras a esta figura de Jesús como buen Pastor. Por ello, en este cuarto Domingo de Pascua, desde hace más de cincuenta años celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

El Papa nos ha dirigido, como es tradicional en este día, un mensaje en el que comienza recordándonos: La importancia de rezar para que, como dijo Jesús a sus discípulos, «el dueño de la mies… mande obreros a su mies» (Lc 10,2). Jesús nos dio este mandamiento en el contexto de un envío misionero: además de los doce apóstoles, llamó a otros setenta y dos discípulos y los mandó de dos en dos para la misión (cf. Lc 10,1-16).

Para poder vivir esta llamada el Papa Francisco nos recuerda la experiencia del Éxodo del pueblo de Israel, narrada en el segundo libro de la Biblia que lleva el mismo nombre: Libro del Éxodo. Nosotros queremos, también hoy, escuchar la voz de Cristo, nuevo Moisés y, así, como nos dice Francisco: seguir la voz de Cristo buen Pastor, dejándose atraer y conducir por él y consagrando a él la propia vida y, como nos sigue diciendo el Papa, suscitar en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por la causa del Reino de Dios.

Es necesario, como tantas veces os insisto, en que no desfallezcamos en orar con insistencia al Señorpara que conceda a su Iglesia personas consagradas y especialmente en nuestra diócesis de Tarazona.Junto a la oración es importante también la propuesta; sí, debemos proponer, sin vergüenza y con ilusión la vocación consagrada. La mejor propuesta es nuestro testimonio que presente una vida entregada con alegría al servicio del Señor y de los hermanos.

El Papa Francisco nos recuerda, citando al Papa emérito Benedicto XVI, que: La raíz profunda de todo esto es el amor. En efecto, la vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un «camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios»

Con el Papa quisiera que todos nos uniéramos hoy en oración y en torno a María, como en el Cenáculo, Ella, nos ayudará para estar plenamente disponibles al designio que Dios tiene para cada uno de nosotros, para que crezca en nosotros el deseo de salir e ir, con solicitud, al encuentro con los demás (cf. Lc 1,39). Que la Virgen Madre nos proteja e interceda por todos nosotros.

Con todo afecto y cariño os felicito y os bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR


Obispo de Tarazona

PUBLICADO POR: agenciasic


20 de abril de 2015

Un accidente cuando era seminarista le dejó tetrapléjico: 9 años después consiguió ser sacerdote

Su ordenación fue "el último de una larga serie de milagros", según la prensa de la época. Cuando el 2 de febrero de 1974 el obispo de Filadelfia, John Krol, impuso las manos a Bill Atkinson para convertirle en sacerdote, habían pasado sólo nueve años desde que un accidente dejara al joven tetrapléjico. Fue necesaria una dispensa del Papa Pablo VI para recibir el sacramento, pero su sueño se convirtió en realidad. Y además ejerció su ministerio con cualidades notables, como una profunda fe y una aceptación humilde de las continuas cruces en que se convirtió su vida poco después de cumplir los 19 años.

La tragedia

Bill era ya entonces seminarista. Rubio y de ojos azules, guapo y atlético, era una auténtica fuerza de la naturaleza, como su hermano Al, quien como jugador de fútbol profesional ganaría la Super Bowl en 1969 con los New York Jets. Ambos habían sentido a la vez el gusanillo de la vocación sacerdotal (algo que temían los entrenadores de Al), pero finalmente fue Bill quien siguió ese camino. Nacido en Filadelfia el 4 de enero de 1946 en una familia católica de siete hermanos (tres chicos y cuatro chicas), tras graduarse en 1963 en la Monsignor Bonner High School, pasó un año como postulante agustino antes de ingresar en el noviciado de la orden en Nueva York. 

El 22 de febrero de 1965, durante un rato de recreo, Atkinson se lanzó junto con otros tres seminaristas por una colina nevada para disfrutar de un descenso de casi cuatrocientos metros. Treinta segundos después la diversion se convirtió en tragedia al estrellarse contra un árbol y machacarse la columna vertebral.

Tardaron 45 minutos en llevarle al hospital, sin mucha convicción de que sobreviviera. Durante el tiempo que estuvo ingresado su vida corrió peligro más de una vez, porque de vez en cuando dejaba de respirar. Su madre, Mary, que no se separaba de su cama ni dejaba de rezar junto a su hijo, se le acercaba entonces al oido para animarle:"Respira, Bill, tienes que respirar". Pero el chico seguía inmóvil.


Un día la fiebre le subió hasta los 42°C, tanto que los médicos incluso abrieron de par en par las ventanas al gélido invierno neoyorquino para bajársela. Y entonces despertó.

Las lesiones eran al nivel de la nuca e implicaban una irreparable tetraplejía. Estuvo 14 meses en el hospital y pasó de 86 kg a poco más de 40 kg. Cuando le dieron el alta, no podía mover brazos ni piernas y debía mantener sujeta la cabeza artificialmente para que no se le cayera.Leer artículo original completo


16 de abril de 2015

Salvatore Mellado celebra desde su casa su primera misa!

A las 16:32 de hoy, jueves, 16 de abril, Salvatore Mellado fue ordenado sacerdote. El premio a la voluntad, la fe y la esperanza de los 38 años de edad, originario de Barletta seminarista que sufre de una enfermedad terminal grave. Mellado, que ayer por la tarde que había recibido el orden sagrado del diaconado, coronado hoy en las paredes de su casa en la Via Boccaccio su camino de fe. Seguido por la emoción y el afecto del evento en la cercana iglesia de la "Santa Cruz", al menos 600 personas, que asistió a la misa celebrada por el barlettano misionero Don Vito Carpintero. Muchos conocidos y colegas del seminario, llegaron en tres autobuses, presentes en la celebración. La primera bendición? Para Francisco, quien hace dos días había llamado Salvador diciendo: "La primera bendición que me diera" una oración simple, un movimiento movido por el alma, como la que esta tarde pasó por toda la comunidad de Barletta. 




15 de abril de 2015

Seminarista con cáncer terminal será ordenado sacerdote!

“La primera bendición que darás como sacerdote me la impartirás a mí”, expresó por teléfono el Papa Francisco a Salvatore Mellone, un seminarista con cáncer terminal que cumplirá mañana en su habitación en la Arquidiócesis de Trani-Barletta (Italia) su último deseo: ser ordenado sacerdote.

 El Arzobispo de Trani-Barletta, Mons. Giovanni Pichierri, confirmó a través de una nota informativa que el 14 de abril el Papa telefoneó a Mellone y le dijo “la primera bendición que darás como sacerdote me la impartirás a mí”. “Salvatore, yo estoy contigo. Serás ordenado y celebrarás Misa”, aseguró el Pontífice a través de la línea telefónica, informó el diario italiano la Reppublica. Según informó Mons. Pichierri, Mellone será ordenado sacerdote el jueves 16 abril, a las 4pm (hora local), en su habitación. La ceremonia podrá seguirse en directo a través de una pantalla, en la parroquia del Santísimo Crucifijo de Barletta.
   
Concluido su discernimiento vocacional en junio del pasado año, Mellone comenzó a advertir problemas de salud. Los médicos le diagnosticaron una neoplasia en el esófago. A partir de octubre comenzaron las curas intensivas “que nunca le apartaron del camino de formación y han hecho que le fuera concedido el nulla osta para la admisión al diaconado y el presbiterado”, remarcó Mons. Pichierri. A principios de 2015 sus condiciones de salud empeoraron y Mellone expresó su deseo de completar su recorrido formativo, respondiendo a su vocación. Después de una “cuidadosa evaluación” el Arzobispo Pichierri recibió la autorización de la Congregación del Clero para ordenarlo diácono y presbítero, de acuerdo a los preceptos que recoge el Derecho Canónico en relación a esta materia. El Arzobispo Pichierri afirmó que las motivaciones de Salvatore “no se pueden reducir simplemente a un deseo personal de convertirse en sacerdote, sino que van apoyadas por un cuidadoso discernimiento sobre su llamada, que sintió confirmada en sí, también durante la enfermedad. El sufrimiento le ha hecho sentir una profunda comunión con el misterio de Cristo, para la caridad al servicio de las personas que más sufren”. Las palabras de Mellone al pedir su ordenación fueron las siguientes: “Hoy me siento llevado a hombros de Cristo; y como sacerdote llevaré la estola con Cristo, para la salvación del mundo. Además, celebrar tan solo una Eucaristía para mí será una participación real del sacerdocio de Cristo”. Para Mons. Pichierri este es “el coronamiento de un camino serio y coherente, también en la enfermedad, y la edificación del pueblo de Dios y de los sacerdotes y seminaristas, que pueden venir de este testimonio vocacional”. Mellone ingresó al Pontificio Seminario Regional de Molfetta en 2011, a los 34 años edad, aunque su formación cristiana había comenzado en su familia y prosiguió en la adolescencia en la parroquia Santa María de los Ángeles de Barletta. Su compromiso eclesial creció con la edad y lo llevó a un discernimiento de su vocación presbiteral, que se consolidó en el seminario. Su gran sensibilidad por los problemas del mundo contemporáneo lo llevó a ejercer como periodista para la revista mensual “La Stadera”, y en 2013 publicó junto a Vincenzo di Gregorio el libro “L’umanità libera sorride a Dio. Agorà e Parola”. Siempre disponible a ayudar a sus hermanos, el testimonio de Mellone es un punto de referencia constante y humilde para la comunidad.

PUBLICADO POR ACI PRENSA


11 de abril de 2015

Sean testigos, no sólo maestros, el Papa a los formadores a la vida consagrada

El Papa Francisco recibió hoy a los más de mil participantes en el Congreso internacional para formadores a la vida consagrada que se celebró en Roma a partir del 8 de abril sobre el tema “Vivir en Cristo según la forma de vida del Evangelio”.

En su audiencia del sábado de la Octava de Pascua, el Santo Padre agradeció ante todo al cardenal Braz de Aviz – prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica – las palabras que le había dirigido en nombre de los presentes.

Tras afirmar que deseaba celebrar este encuentro por lo que son y representan, en cuanto educadores y formadores, y porque detrás de cada uno se entrevén los jóvenes protagonistas de un presente vivido con pasión, así como de promotores de un futuro animado por la esperanza, el Papa Bergoglio dirigió a esos jóvenes un pensamiento afectuoso.

Y añadió que al verlos tan numerosos ¡no se diría que exista una crisis vocacional! Si bien destacó que, en realidad, hay una indudable disminución cuantitativa, lo que, en definitiva, hace aún más urgente la tarea de la formación. Una formación – dijo el Santo Padre – que plasme verdaderamente en el corazón de los jóvenes el corazón de Jesús, a fin de que tengan sus mismos sentimientos.

Francisco también les dijo que está convencido de que no hay crisis vocacional donde hay consagrados capaces de transmitir, con su propio testimonio, la belleza de la consagración.

De ahí que haya reafirmado a los queridos formadores que están llamados a esto, que es su ministerio y misión. Porque no son sólo “maestros”, sino sobre todo, testigos del seguimiento de Cristo en su propio carisma. De donde deriva – añadió – la exigencia de estar siempre atentos a la propia formación personal, a partir de la amistad fuerte con el único Maestro”.

Una de las cualidades del formador –destacó el Pontífice–  es la de tener un corazón grande para los jóvenes, para formar en ellos corazones grandes, capaces de acoger a todos, corazones ricos de misericordia y llenos de ternura.

Además explicó que la formación inicial es sólo el primer paso de un proceso destinado a durar toda la vida, mientras el joven debe ser formado en la libertad humilde e inteligente de dejarse educar por parte de Dios Padre cada día de su vida, independientemente de su edad, tanto en la misión como en la fraternidad; en la acción como en la contemplación.

El Papa Francisco agradeció a los formadores y a las formadoras su servicio humilde y discreto, en una misión en la que no se puede ahorrar tiempo ni energías.

Les pidió que no se desanimen cuando los resultados no correspondan a sus expectativas y les dijo que si a veces tienen la sensación de que su trabajo no es suficientemente apreciado, deben saber que Jesús los sigue con amor, a la vez que cuentan con el agradecimiento de toda la Iglesia.

El Santo Padre se despidió deseándoles que vivan con alegría, y en la gratitud este ministerio, con la certeza de que no hay nada más bello en la vida que pertenecer para siempre y con todo el corazón a Dios, y dar la vida al servicio de los hermanos.

Y antes de bendecirlos de corazón, Francisco concluyó pidiéndoles, por favor, que recen por él.

PUBLICADO POR  RADIO VATICANO



4 de abril de 2015

"Sólo el amor descansa. Lo que no se ama cansa mal y, a la larga, cansa peor". Papa Francisco los sacerdotes!

«Lo sostendrá mi mano y le dará fortaleza mi brazo» (Sal 88,22), así piensa el Señor cuando dice para sí: «He encontrado a David mi servidor y con mi aceite santo lo he ungido» (v. 21). Así piensa nuestro Padre cada vez que «encuentra» a un sacerdote. Y agrega más: «Contará con mi amor y mi lealtad. Él me podrá decir: Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva» (v. 25.27).

Es muy hermoso entrar, con el Salmista, en este soliloquio de nuestro Dios. Él habla de nosotros, sus sacerdotes, sus curas; pero no es realmente un soliloquio, no habla solo: es el Padre que le dice a Jesús: «Tus amigos, los que te aman, me podrán decir de una manera especial: ”Tú eres mi Padre”» (cf. Jn 14,21). Y, si el Señor piensa y se preocupa tanto en cómo podrá ayudarnos, es porque sabe que la tarea de ungir al pueblo fiel no es fácil; nos lleva al cansancio y a la fatiga. Lo experimentamos en todas sus formas: desde el cansancio habitual de la tarea apostólica cotidiana hasta el de la enfermedad y la muerte e incluso a la consumación en el martirio.

El cansancio de los sacerdotes... ¿Saben cuántas veces pienso en esto: en el cansancio de todos ustedes? Pienso mucho y ruego a menudo, especialmente cuando el cansado soy yo. Rezo por los que trabajan en medio del pueblo fiel de Dios que les fue confiado, y muchos en lugares muy abandonados y peligrosos. Y nuestro cansancio, queridos sacerdotes, es como el incienso que sube silenciosamente al cielo (cf. Sal 140,2; Ap 8,3-4). Nuestro cansancio va directo al corazón del Padre.
Estén seguros que la Virgen María se da cuenta de este cansancio y se lo hace notar enseguida al Señor. Ella, como Madre, sabe comprender cuándo sus hijos están cansados y no se fija en nada más. «Bienvenido. Descansa, hijo mío. Después hablaremos... ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?», nos dirá siempre que nos acerquemos a Ella (cf. Evangelii gaudium, 28,6). Y a su Hijo le dirá, como en Caná: «No tienen vino».

Sucede también que, cuando sentimos el peso del trabajo pastoral, nos puede venir la tentación de descansar de cualquier manera, como si el descanso no fuera una cosa de Dios. No caigamos en esta tentación. Nuestra fatiga es preciosa a los ojos de Jesús, que nos acoge y nos pone de pie: «Vengan a mí cuando estén cansados y agobiados, que yo los aliviaré» (Mt 11,28). Cuando uno sabe que, muerto de cansancio, puede postrarse en adoración, decir: «Basta por hoy, Señor», y claudicar ante el Padre; uno sabe también que no se hunde sino que se renueva porque, al que ha ungido con óleo de alegría al pueblo fiel de Dios, el Señor también lo unge, «le cambia su ceniza en diadema, sus lágrimas en aceite perfumado de alegría, su abatimiento en cánticos» (Is 61,3).

Tengamos bien presente que una clave de la fecundidad sacerdotal está en el modo como descansamos y en cómo sentimos que el Señor trata nuestro cansancio. ¡Qué difícil es aprender a descansar! En esto se juega nuestra confianza y nuestro recordar que también somos ovejas y también necesitamos del pastor, que nos ayude. Pueden ayudarnos algunas preguntas a este respecto.

¿Sé descansar recibiendo el amor, la gratitud y todo el cariño que me da el pueblo fiel de Dios? O, luego del trabajo pastoral, ¿busco descansos más refinados, no los de los pobres sino los que ofrece el mundo del consumo? ¿El Espíritu Santo es verdaderamente para mí «descanso en el trabajo» o sólo aquel que me da trabajo? ¿Sé pedir ayuda a algún sacerdote sabio? ¿Sé descansar de mí mismo, de mi auto-exigencia, de mi auto-complacencia, de mi auto-referencialidad? ¿Sé conversar con Jesús, con el Padre, con la Virgen y San José, con mis santos protectores amigos para reposarme en sus exigencias – que son suaves y ligeras –,  en sus complacencias – a ellos les agrada estar en mi compañía –, en sus intereses y referencias – a ellos sólo les interesa la mayor gloria de Dios –? ¿Sé descansar de mis enemigos bajo la protección del Señor? ¿Argumento y maquino yo solo, rumiando una y otra vez mi defensa, o me confío al Espíritu Santo que me enseña lo que tengo que decir en cada ocasión? ¿Me preocupo y me angustio excesivamente o, como Pablo, encuentro descanso diciendo: «Sé en Quién me he confiado»(2 Tm 1,12)?

Repasemos un momento, brevemente, las tareas de los sacerdotes que hoy nos proclama la liturgia: llevar a los pobres la Buena Nueva, anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. E Isaías agrega: curar a los de corazón quebrantado y consolar a los afligidos.

No son tareas fáciles, no son tareas exteriores, como por ejemplo el manejo de cosas – construir un nuevo salón parroquial, o delinear una cancha de fútbol para los jóvenes del Oratorio... –; las tareas mencionadas por Jesús implican nuestra capacidad de compasión, son tareas en las que nuestro corazón es «movido» y conmovido. Nos alegramos con los novios que se casan, reímos con el bebé que traen a bautizar; acompañamos a los jóvenes que se preparan para el matrimonio y a las familias; nos apenamos con el que recibe la unción en la cama del hospital, lloramos con los que entierran a un ser querido... Tantas emociones… Si nosotros tenemos el corazón abierto, esta emoción y tanto afecto, fatigan el corazón del Pastor. Para nosotros sacerdotes las historias de nuestra gente no son un noticiero: nosotros conocemos a nuestro pueblo, podemos adivinar lo que les está pasando en su corazón; y el nuestro, al compadecernos (al padecer con ellos), se nos va deshilachando, se nos parte en mil pedacitos, y es conmovido y hasta parece comido por la gente: «Tomen, coman». Esa es la palabra que musita constantemente el sacerdote de Jesús cuando va atendiendo a su pueblo fiel: «Tomen y coman, tomen y beban...». Y así nuestra vida sacerdotal se va entregando en el servicio, en la cercanía al pueblo fiel de Dios... que siempre, siempre cansa.

Quisiera ahora compartir con ustedes algunos cansancios en los que he meditado.

Está el que podemos llamar «el cansancio de la gente, el cansancio de las multitudes»: para el Señor, como para nosotros, era agotador – lo dice el evangelio –, pero es cansancio del bueno, cansancio lleno de frutos y de alegría. La gente que lo seguía, las familias que le traían sus niños para que los bendijera, los que habían sido curados, que venían con sus amigos, los jóvenes que se entusiasmaban con el Rabí..., no le dejaban tiempo ni para comer. Pero el Señor no se hastiaba de estar con la gente. Al contrario, parecía que se renovaba (cf. Evangelii gaudium, 11). Este cansancio en medio de nuestra actividad suele ser una gracia que está al alcance de la mano de todos nosotros, sacerdotes (cf. ibíd., 279). iQué bueno es esto: la gente ama, quiere y necesita a sus pastores! El pueblo fiel no nos deja sin tarea directa, salvo que uno se esconda en una oficina o ande por la ciudad en un auto con vidrios polarizados. Y este cansancio es bueno, es un cansancio sano. Es el cansancio del sacerdote con olor a oveja..., pero con la sonrisa de papá que contempla a sus hijos o a sus nietos pequeños. Nada que ver con esos que huelen a perfume caro y te miran de lejos y desde arriba (cf. ibíd., 97). Somos los amigos del Novio, esa es nuestra alegría. Si Jesús está pastoreando en medio de nosotros, no podemos ser pastores con cara de vinagre, quejosos ni, lo que es peor, pastores aburridos. Olor a oveja y sonrisa de padres... Sí, bien cansados, pero con la alegría de los que escuchan a su Señor decir: «Vengan a mí, benditos de mi Padre» (Mt 25,34).

También se da lo que podemos llamar «el cansancio de los enemigos». El demonio y sus secuaces no duermen y, como sus oídos no soportan la Palabra, trabajan incansablemente para acallarla o tergiversarla. Aquí el cansancio de enfrentarlos es más arduo. No sólo se trata de hacer el bien, con toda la fatiga que conlleva, sino que hay que defender al rebaño y defenderse uno mismo contra el mal (cf. Evangelii gaudium, 83). El maligno es más astuto que nosotros y es capaz de tirar abajo en un momento lo que construimos con paciencia durante largo tiempo. Aquí necesitamos pedir la gracia de aprender a neutralizar – es un hábito importante: aprender a neutralizar – : neutralizar el mal, no arrancar la cizaña, no pretender defender como superhombres lo que sólo el Señor tiene que defender. Todo esto ayuda a no bajar los brazos ante la espesura de la iniquidad, ante la burla de los malvados. La palabra del Señor para estas situaciones de cansancio es: «No teman, yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). Y esta palabra nos dará fuerza.

Y por último – último para que esta homilía no los canse demasiado – está también «el cansancio de uno mismo» (cf. Evangelii gaudium, 277). Es quizás el más peligroso. Porque los otros dos provienen de estar expuestos, de salir de nosotros mismos a ungir y a pelear (somos los que cuidamos). En cambio, este cansancio, es más auto-referencial; es la desilusión de uno mismo pero no mirada de frente, con la serena alegría del que se descubre pecador y necesitado de perdón, de ayuda: este pide ayuda y va adelante. Se trata del cansancio que da el «querer y no querer», el haberse jugado todo y después añorar los ajos y las cebollas de Egipto, el jugar con la ilusión de ser otra cosa. A este cansancio, me gusta llamarlo «coquetear con la mundanidad espiritual». Y, cuando uno se queda solo, se da cuenta de que grandes sectores de la vida quedaron impregnados por esta mundanidad y hasta nos da la impresión de que ningún baño la puede limpiar. Aquí sí puede haber cansancio malo. La palabra del Apocalipsis nos indica la causa de este cansancio: «Has sufrido, has sido perseverante, has trabajado arduamente por amor de mi nombre y no has desmayado. Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor» (2,3-4). Sólo el amor descansa. Lo que no se ama cansa mal y, a la larga, cansa peor.

La imagen más honda y misteriosa de cómo trata el Señor nuestro cansancio pastoral es aquella del que «habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1): la escena del lavatorio de los pies. Me gusta contemplarla como el lavatorio del seguimiento. El Señor purifica el seguimiento mismo, él se «involucra» con nosotros (cf. Evangelii gaudium, 24), se encarga en persona de limpiar toda mancha, ese mundano smog untuoso que se nos pegó en el camino que hemos hecho en su nombre.
Sabemos que en los pies se puede ver cómo anda todo nuestro cuerpo. En el modo de seguir al Señor se expresa cómo anda nuestro corazón. Las llagas de los pies, las torceduras y el cansancio son signo de cómo lo hemos seguido, por qué caminos nos metimos buscando a sus ovejas perdidas, tratando de llevar el rebaño a las verdes praderas y a las fuentes tranquilas (cf. ibíd. 270). El Señor nos lava y purifica de todo lo que se ha acumulado en nuestros pies por seguirlo. Y Esto es sagrado. No permite que quede manchado. Así como las heridas de guerra él las besa, la suciedad del trabajo él la lava.

El seguimiento de Jesús es lavado por el mismo Señor para que nos sintamos con derecho a estar «alegres», «plenos», «sin temores ni culpas» y nos animemos así a salir e ir «hasta los confines del mundo, a todas las periferias», a llevar esta buena noticia a los más abandonados, sabiendo que él está con nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo» (cf. Mt 28,21). Y por favor, pidamos la gracia de aprender a estar cansados, pero ¡bien cansados!


Vaticano, 2 de abril de 2015

PUBLICADO POR RADIO VATICANO


24 de marzo de 2015

Churchathon 2015: Una interesante maratón para recaudar fondos para el seminario

Publicado por Vocation-Net

No salieron a la calle a “hacer lío”, ni fueron al Vaticano con un pastel para entregárselo al Papa!

En esta ocasión, un grupo de Seminaristas Legionarios realizaron un Churchaton (church=iglesia, aton=maratón), una maratón con el fin de recaudar fondos para el sustento de los seminaristas de la congregación de los legionarios de Cristo en Roma.

La maratón se realizó el sábado 21 de marzo en las diversas iglesias de Roma.

Este año participaron 17 seminaristas, que rezaron en 33 Iglesias, haciendo un recorrido de 30 kilómetros. Lo más interesante de esta maratón es que fue un día dedicado a la oración, un día para rezar por los bienhechores del Seminario.

El objetivo del Churchaton es que los seminaristas participantes van de templo en templo rezando por sus patrocinadores o por las intenciones que meses antes recibieron. La meta es lograr visitar (rezar) el número de iglesias propuesta como meta inicial.

El Churchaton no es más que una intensa jornada de oración por los bienhechores del Seminario. La dinámica es la forma más creativa y motivadora que pueden realizar los jóvenes seminaristas.


Pudes unirte con tu colaboración!


15 de marzo de 2015

Esperanza ante el día del Seminario: La Arquidiócesis de Barcelona dobla el número de seminaristas!

El domingo 22 de marzo en toda la Arquidiócesis de Barcelona se celebrará el Día del Seminário. Barcelona este año ha duplicado el numero de seminaristas con respecto al año pasado, se forman en el Seminario Conciliar de Barcelona 11 seminaristas. Se trata de un resurgimiento vocacional. En un reciente comunicado el Cardenal Lluis Martínez resalta este rebrote vocacional en su Arquidiócesis! El cardenal ve prematuro hablar de un resurgimiento vocacional en Barcelona. Sin embargo, el rostro y el lenguaje del cardenal Lluis comunican optimismo y esperanza vocacional en su Arquidiócesis!

Te compartimos la magnífica intervención del cardenal por el Día del Seminario.




El próximo domingo, 22 de marzo, celebraremos el Día del Seminario. Este año lo vivimos con un sentimiento de esperanza, como ya os comuniqué en una carta personal mía a todos los diocesanos y ahora lo recojo en este comentario semanal, por el don que Dios nos ha hecho este curso: 11 jóvenes han entrado en el Seminario Mayor de nuestra querida archidiócesis. Representa un aumento muy considerable respecto del curso anterior, ya que se ha casi doblado su número.

Me complace, con motivo del próximo Día del Seminario, haceros partícipes a todos de esta buena noticia, de esta alegría, para que se lo agradezcamos al Señor. ¿Se trata de un resurgimiento vocacional? Quizás sería prematuro hablar así. Tenemos que ver si esta tendencia se mantiene en los próximos años. No podemos lanzar las campanas al vuelo, pero estas cifras sí que son motivo de esperanza. Lo primero y más importante que tenemos que hacer es dar gracias a Dios, porque la vocación sacerdotal es sobre todo una gracia de Dios, una gracia inmerecida por parte de quienes la hemos recibido.

Mi agradecimiento, después, va dirigido a todos los diocesanos. En primer lugar a estos jóvenes que Dios ha llamado a ser sacerdotes y que han respondido generosamente. Son jóvenes que han iniciado y a veces ya han terminado sus estudios universitarios o su actividad profesional. Su experiencia humana es garantía de una sólida preparación para el ministerio presbiteral.

Mi agradecimiento también va a sus padres y familiares por la participación que han tenido en la maduración de estas vocaciones. Y a los sacerdotes, por su trabajo ministerial y su testimonio de entrega generosa a la Iglesia y a los hermanos, que mueve, sin duda, a estos jóvenes a seguir este camino que han visto realizar en la vida de sus sacerdotes amigos.

Gracias también a todas las parroquias, comunidades y realidades eclesiales porque con la oración por las vocaciones y el trabajo pastoral participan también en la tarea vocacional. Si tenemos una acción pastoral dirigida a los jóvenes, tendremos las vocaciones sacerdotales que la Iglesia necesita.

Gracias finalmente al Seminario y a sus formadores y alumnos, que acogen estas nuevas vocaciones y las ayudan a formarse adecuadamente en el aspecto humano, espiritual y pastoral para convertirse en sacerdotes santos, sin olvidar el aspecto académico, del que cuidan las facultades eclesiásticas de teología y de filosofía.

Todos los diocesanos son responsables de las vocaciones sacerdotales y deben ayudar a nuestro Seminario. Depende de ello el futuro de la misión de la Iglesia en Barcelona y también, si nos es posible, deseamos ayudar, con espíritu misionero, a las diócesis necesitadas de todo el mundo.

  Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona
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