8 de diciembre de 2015

En medio de la experiencia. Entre el seminario y el sacerdocio!


Al salir vas con ganas de todo, emocionado, con ganas de convertir corazones, avivar la alegría de las familias, unir lazos de amistad, resplandecer la fe de los que no creen y de los que creyendo la viven a su manera; con ganas de realizar cosas grandes ya que estando joven puedes aprovechar la fuerza para realizar un buen trabajo, para que no te agarren los años oxidado y quizás “sin gusto-sin sabor”.

Pero te encuentras con que las cosas  no son como quizás lo querías o como lo pudiste soñar, en medio de la realidad uno de ve sumergido en “cambios”, en “adaptaciones”, en “otras visiones-otros trabajos”. Pues ha sido un proceso de dejar cosas atrás, con “chascos” (caídas de confrontaciones contigo mismo) pero que sí las superas te hacen levantar y decir ¡nada mejor que seguir porque de los errores se aprende! Cuando me preguntan que como me ha ido, debo decir: ¡Bien! Pues nos decía siempre un sacerdote en el seminario: ¡es una realidad que está allí y debes vivirla! Y así es, y la cosa es que, o la vivía o lo dejaba todo a un lado. Con mis choques personales pero me he ido adaptando poco a poco a este gran y maravilloso trabajo.

“¡Qué cosas…! después de estudiar…, vender franelas, rosarios, jalea de mangos, vender tortas burreras, ponqués, caratos de mango, camándulas, bisutería, gestionar siempre algo dentro y fuera del seminario, respetando siempre la libertad y responsabilidad que tenía,  dejar como aquello atrás con las vivencias positivas y negativas y sumergirte a realizar otras cosas sin esos compromisos, hasta que tengas otros chances más adelante, que te presente Dios o la misma vida. Todo por hacer la gestión que realizo ahora donde es mayor el trabajo y la responsabilidad, y ¿qué hago? te preguntarás, pues ahora: llevo la comunión a los viejitos (los abuelitos que ya no pueden ir al templo como cuando eran jóvenes); dar charlas a jóvenes (hablarles sobre Dios y el misterio de la fe que profesamos); evangelizar a oficiales (decirles como es bueno agradar a Dios en medio de su servicio); pastoral rural (llevar a Dios a los campos, que están fuera de la parroquia, donde no hay capillas, donde solo hay escuelas, donde la gente es humilde, sencilla, sincera, amable, donde hay respeto, lugares donde aún no ha llegado la línea telefónica, ni el internet, lugares que aún la gente no conoce); exequias (momentos de tener coraje para decirle a la gente palabras esperanzadoras, exhortarles luchar, a tener a Dios presente, decirles que aún en eso momentos está la Iglesia con ellos, un momento duro que muchos piensan no vivir o pasar pero que con generosidad hay que agradecer a Dios porque no siempre estaremos en este mundo); y así mismo me voy preparando para lo que mañana será el servicio general a Dios.

Por lo general la gente que me va conociendo me pregunta, ¿y usted siempre quiso ser sacerdote? A lo que saben los que me conocen les respondo: No! Hasta los 16 años mis sueños eran estudiar idiomas, ser fotógrafo, estudias turismo, hotelería, pero tuve que dar un giro desde que surgió la inquietud de sabes que implicaba llevar a Dios a otros lugares, específicamente que implicaba “misionar” y desde que se abrió una puerta con los padres operarios en Caracas me fui por aquello, me bastaron 10 meses para luego decir que no era horizonte, pero retorne como hijo a los brazos de mi madre el mismo año que salí pero en otro seminario, el seminario de Ciudad Bolívar “Jesús, Buen Pastor” (ubicado en la misma tierra que vio mi desarrollo como persona, nací en “Moitaco” Mucp. Sucre un 7 de Octubre de 1988, pero hasta los 5 años marcho a vivir al pueblo de la Paragua Mucp. Bolivariano Angostura donde vive mi familia y ya el resto fue en esas tierras bolivarenses).

¿Y es feliz? Sí! De otra manera no estaría en este mundo quizás celebrando la vida que Dios me ha permitido vivir y compartiendo con la gente que me ha tocado conocer.

En resumidas cuentas: uno sueña grande pero desde la pequeñez hay que comenzar a construir lo que mañana lograrás ser, por lo cual no debemos dejar a un lado los principios morales y cristianos que nos otorgan en la familia y en la misma escuela, no debemos olvidar como decimos (a lo venezolano) ‘recuerda que antes de ser toro fuiste un becerro’ y que no fueses lo que eres sin el apoyo y ayuda de todos y cada uno de los que te han mostrado en persona su cariño, con esto quiero decir que hay muchas personas que voy extrañando mientras me voy haciendo viejo y mientras sigo hoy esperando, Por eso desde una esta humilde tierra caicareña vaya mi más sincero afecto a cada uno de las personas que me han recibido y apoyado con ternura, para ustedes siempre mi bendición, un abrazo fraterno y un respeto humano, esperando siempre sigan haciendo el bien y procurando obtener un pedacito de cielo cada día. Y no olviden que aún viéndonos y si nos dejamos de ver, mantengamos la esperanza de siempre volvernos a encontrar aquí o por allá.


“Siente como la gente siente, ama como la gente ama, sin esperar nada; y no dejes de decirles que Dios está con ellos en las buenas y las malas” (Yohans).